La realidad del perro de rescate y el turismo de catástrofe

Cuando ocurre una catástrofe no vale todo para ayudar. Una ayuda no solicitada o no capacitada puede convertirse en un grave problema. Y lo que es peor, no todo el mundo presta esa ayuda por solidaridad. El turismo de catástrofe es una triste realidad en todo el mundo. En este artículo tocamos esos temas que nadie se atreve a tocar, realidades que muchos se niegan a aceptar o temen denunciar. Y se dejan pasar… hasta la siguiente catástrofe. Y todo vuelve a empezar

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Isabel Herrán | Perrosdebusqueda ©

Cada vez que se produce una catástrofe ocurre lo mismo: las ganas de ayudar, la solidaridad, las sensibilidades a flor de piel, hacen que muchas personas corran a acudir a la zona a ayudar. Pero esa ayuda puede convertirse en perjudicial para el país receptor.

Aunque cada vez hay más control de estas situaciones y las recomendaciones oficiales son muy claras, no termina de entenderse que no vale todo. Y en una catástrofe, menos.

Frases como “¿encima que ayudan les atacan?” “es fácil opinar desde el sofá” son muy típicas en estos días post-tragedia y se entiende, cuando vienen de opiniones profanas a la especialidad. Pero cuando provienen del mismo entorno supuestamente especialista, muestran el enorme desconocimiento que hay en torno a una disciplina tan complicada como la búsqueda de personas con perros en situaciones de catástrofe.

Equipos caninos que acuden sin una formación adecuada, sin un equipamiento adecuado, sin grupo, sin logística… todo ello impensable cuando hablamos de intervención operativa con perros de búsqueda de personas.



Los medios muchas veces perjudican

Declarar a los perros héroes, poner a los rescatistas en pedestales, creer todo lo que les cuenta cualquiera y publicarlo. La tarea de los periodistas no es dar voz a todo el mundo sino filtrar la información que les llega. Pero no todos los medios son rigurosos, ni mucho menos. Y no todo lo publicado es en medios serios, más bien al contrario. Internet facilita que cualquiera pueda proclamar algo, sea cierto o no. Una foto, un vídeo, se hace viral pero puede que la información que contenga sea totalmente incorrecta, incluso perjudicial.

Sobre todo que, si el tema es impactante, si va a generar visitas (clics, publicidad, etc…), no importa que no sea cierto. Se le da voz y se difunde. Y el desconocimiento hace el resto.

En el terremoto de México hemos visto y leído informaciones completamente erróneas, bulos que han corrido como la pólvora y mucha gente indignada porque a los perros no les lleven con botas, casco, gafas, protección corporal. Incluso un grupo animalista radical difundió una noticia falsa sobre un perro de rescate que había muerto, acusando a los rescatistas de esclavizar y maltratar a los perros.

La ignorancia es muy atrevida y puede hacer mucho daño. Pero lo peor es cuando la ignorancia se da en el mismo núcleo del perro de rescate: en los equipos y grupos de intervención con perros de rescate en catástrofes.

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Equipo canino busca víctimas sepultadas tras el terremoto de Mexico -Septiembre 2017

¿Qué hace falta para poder intervenir con perros en una catástrofe?

Tras una catástrofe suele llegar una moda recurrente de personas que quieren ser guía canino y quieren acudir a la próxima catástrofe para ayudar con su perrito. Pero ser guía canino es una ardua tarea, muchas veces idealizada sobre todo en casos de catástrofe, cuando las cámaras nos muestran las imágenes de los rescatistas como si fueran super héroes.

Hay que poner los pies en la tierra y ser muy conscientes de la realidad. Y saber qué hace falta para intervenir en una catástrofe como guía canino.

Lo primero de todo: ser activados. Si no nos activan, no debemos ir. No hay más. No vale quejarse ni proclamar que se es mejor, ni que son favoritismos. No se debe ir y punto. Una catástrofe no es momento para reivindicaciones.

Después, algo fundamental: logística. Y esto conduce a algo básico: el grupo. Un equipo canino necesita un grupo perfectamente preparado, capacitado y coordinado, con logística adecuada y suficiente para los días que permanecerá operativo en el lugar de la catástrofe.



Y esta preparación incluye: binomios (guías y perros), sanitarios, alimento, agua, equipamiento y material para todos, humanos y caninos, que suplan toda necesidad durante su estancia e intervención en la zona. En definitiva, todo lo que necesiten los binomios para desarrollar su actividad operativa sin que esto afecte a nadie, sin necesitar nada.

Para hacernos una idea, un detalle tremendo que se ha conocido en este último terremoto de México y  que ha revelado las enormes carencias en este aspecto, es que muchos de los equipos caninos no llevaban alimento para sus perros de trabajo y recibían ayudas en forma de donaciones de alimento para perros. Esto es de todo punto inconcebible. Un perro de trabajo no debe cambiar su dieta cuando está trabajando, ya que podría generarle problemas intestinales que mermarían su capacidad. Al contrario, debe estar en plenas condiciones físicas porque el desgaste es mayor. Y sobre todo, que nunca pueden depender de recibir el alimento de donaciones. ¿Qué ocurre si las donaciones no llegaran? ¿Y qué tipo de comida se les está donando?

Un binomio está compuesto por guía y perro y el guía es el responsable de su perro. El perro no puede preparar su material y por eso siempre -siempre- el guía deberá llevar el alimento, agua y todo lo necesario para que su perro esté perfectamente cuidado. Muchas más en situaciones así.

Las capacitaciones y la regulación que nunca llega

Aquí llegamos al tema de la capacitación a nivel técnico como binomio canino.  Hablamos del último terremoto en México pero esto es algo recurrente en las catástrofes, en mayor o menor medida.

Hemos visto verdaderas locuras de trabajos en los últimos días. Nos han vendido equipos supuestamente profesionales, que estaban muy lejos de algo mínimamente operativo.  Perros cargados de elementos extra, inútiles e incluso perjudiciales. Perros con botitas que ni siquiera sabían llevarlas, mucho menos moverse por el escombro.  Perros que no querían subir al escombro y cuyo guía tenía que incitarles e incluso llevarles en brazos. Guías buscando con el perro sujeto por la correa, encima del escombro, supuestamente buscando víctimas sepultadas. Perros ladrando cuando el guía le pedía ladrar -por descontado todo grabado en vídeo- para hacer ver que habían encontrado a alguien con vida. Incluso guías en el escombro sin una mínima protección adecuada, poniéndose en peligro. En definitiva, una vergüenza general en cuanto a trabajos operativos con perros de búsqueda de personas.

Ya centrándonos en el aspecto humano, otros episodios vergonzosos a los que hemos asistido mostraban a supuestos profesionales quejándose de que no les habían dejado ir a la zona o actuar en la zona, unos clamando ser los mejores, otros que sin ellos la gente moriría… Incluso se han dado casos de grupos que han cuestionado frente a las cámaras a las máximas autoridades del país, planteando incluso serios problemas de seguridad y diplomáticos al poner en duda las ordenes establecidas en ese momento por la seguridad de todos. Se ha visto incluso a rescatistas hablando mal de otros delante de las cámaras. Un verdadero circo en torno a una tragedia.

Todo esto no ocurriría si los que acudiesen a una intervención fuesen grupos operativos designados oficialmente para este tipo de intervenciones. Porque estos de entrada tendrían una disciplina que no permite ni por asomo todas las barbaridades anteriormente expuestas. Es un mínimo: tener disciplina, acatar las normas que el propio país afectado establece.
¿Ir a ayudar y convertirse en figura mediática y juez de la autoridad? ¿En qué circo hemos convertido las catástrofes?

¿Qué dicen las autoridades?

La Organización de las Naciones Unidas ya se pronunció hace mucho tiempo al respecto. Y es muy clara. Estos son algunos de los puntos que plantean en la Asamblea General de 2003 con respecto a las opreaciones de búsqueda y salvamento en zonas urbanas en caso de catástrofe:

Reafirmando que se debe respetar plenamente la soberanía, la integridad territorial y la unidad nacional de los Estados de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y, en ese contexto, la asistencia humanitaria debería proporcionarse con el consentimiento del país afectado y, en principio, sobre la base de un llamamiento de su parte
(…)
Destacando la importancia de que la asistencia internacional se preste de manera oportuna, coordinada y técnicamente acertada, en estrecha coordinación con el Estado receptor, particularmente en el caso de operaciones de búsqueda y salvamento en zonas urbanas después de terremotos y otros fenómenos que llevan al colapso de estructuras
(…)
Preocupada también por la posibilidad de que la presencia de equipos internacionales de búsqueda y salvamento en zonas urbanas sin el adiestramiento o el equipo apropiados entrañe una carga adicional para los recursos de los países afectados
(…)
Destaca la necesidad de aumentar la eficiencia y la eficacia de la asistencia internacional a las operaciones de búsqueda y salvamento en zonas urbanas para ayudar a salvar más  vidas
(…)
Insta además a todos los Estados que puedan prestar asistencia internacional en las operaciones de búsqueda y salvamento en zonas urbanas a que tomen las medidas necesarias para velar por que los equipos internacionales de búsqueda y salvamento en zonas urbanas de su jurisdicción sean desplegados y se desempeñen de conformidad con normas elaboradas internacionalmente, tal como se establece en las directrices del Grupo Consultivo Internacional, particularmente en lo relativo al despliegue oportuno, la autonomía, el adiestramiento, los procedimientos y el equipo, y la conciencia de las diferencias culturales

No cabe cuestionamiento sobre las exposiciones de la ONU. Lo que haría falta sería que cada país fuera realmente responsable de que esto se cumpliese a rajatabla. Pero eso es lo primero que falla al no existir una regulación oficial a nivel nacional en la mayoría de países, incluído España, por más que se intenta una y otra vez.

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Mesa redonda entre los grupos de rescate españoles para tratar de conseguir una regulación oficial – 6 Febrero de 2016, Escuela Nacional de Protección Civil (Foto: perrosdebusqueda©)

El tristemente famoso turismo de catástrofe

Pero el problema no es solo esa falta de capacitación y preparación, la ignorancia o los errores de operatividad. Hay un problema mucho peor, algo que pasa desapercibido a ojos profanos pero para los profesionales del perro de rescate es muy evidente. Y quizás sea esta la causa de las escenas circenses que describíamos en el punto anterior.

En demasiadas ocasiones, mucha de la ayuda que llega en forma de binomios y grupos no convocados, no es más que un camuflado ‘turismo de catástrofe’. Personas que acuden a estos lugares a la búsqueda de una foto, renombre, que se hable de ellos y lo peor, buscando publicidad para ganar alumnos, clientes. En definitiva: para sacar provecho o por puro ego.

Hay personas, grupos, políticos, que buscan aprovecharse de una situación de tragedia, de caos, para su objetivo particular. Las catástrofes mueven a los medios de comunicación. Cualquier noticia, si se sabe presentar, cierta o no, tendrá una gran repercusión. Basta con no tener un gramo de ética y de vergüenza para aprovechar un momento así en el propio beneficio.



Y aunque parezca que no puede haber nada peor, llegamos a un grupo de la peor calaña: los estafadores. Estos deleznables personajes cuyo objetivo es ganar dinero a costa de la tragedia. No es inventado, es muy real. Veamos algunos casos:

En el 11-S, un individuo que se autodenominaba guía canino y experto en perros fue acusado de estafar al gobierno de EEUU al haber recibido dinero alegando haber enfermado tras haber trabajado con su perro en la Zona 0. El mismo individuo está acusado de otros delitos de fraude, todos relacionados  con un momento trágico, con una catástrofe o con personas que habían perdido seres queridos. Seguro que más de uno ha oído hablar del Triángulo de Vida, una historia más de esta locura en torno a las tragedias.

Y siguiendo con la lista de esperpentos, llegamos al tristemente famoso (por el fraude que se destapó) detector molecular, un aparato que localizaba personas, drogas, explosivos… sólo con cambiarle la tarjeta. Uno de los fraudes más sonados de los últimos años. Pero no hay que irse tan lejos, en España tenemos el reciente caso de una mujer que dijo haber estado en las Ramblas cuando se produjo el atentado. Estos repugnantes hechos, por más que nos resulten increíbles, ocurren. Y las tragedias, las catástrofes, son su campo abonado.

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Un supuesto rescatista en el escombro de las Torres Gemelas tras los atentados del 11S, utilizando un “detector molecular”, un aparato que resultó ser un fraude con el fin de hacer negocio con la tragedia

¡Traigan más equipos caninos! ¡No nos dejan entrar!

Pero volvamos al terreno del perro rescate. Cuando ocurre una catástrofe lo primero es valorar la situación. Y eso no compete a los equipos de rescate, ni a personas ajenas, aunque estén en la zona del desastre. Tampoco es algo que se pueda mover por las redes, por muy buena voluntad que se le ponga. Esa valoración la deben realizar las entidades expertos en esas cuestiones, nacionales e internacionales. El país será el primero en valorar la magnitud del desastre y reclamar las ayudas que considere necesarias. El resto debe acatarlo y limitarse a actuar dentro de los márgenes. Todo lo demás, simplemente sobra.

En el terremoto de México -y no es la primera vez- se ha dado el incongruente hecho de que los equipos de rescate eran tantos que no había lugar para que todos trabajaran. Por descontado, hablamos de equipos de rescate no oficiales, que acudieron por su cuenta. Y eso provoca situaciones esperpénticas como las que hemos vivido estos días y que nos han mostrado los medios.

Y no, no es mejor que haya demasiados equipos de rescate en la zona, porque a esos equipos hay que coordinarlos, transportarlos y darles seguridad. Al estar allí son responsabilidad del país y un país que acaba de sufrir una catástrofe no está para extras de coordinación, mucho menos para verse obligado a emplear recursos e incluso alimentos y material en ellos.



Y es que en realidad, los perros de rescate son una mínima parte de lo que se puede hacer en estos casos. Son, indudablemente, una herramienta de primera intervención y su labor es inestimable a la hora de recuperar personas con vida. Pero seamos realistas:

  • las víctimas mortales ya no necesitan ayuda. Recuperarlos ayuda a sus familiares pero no es una necesidad prioritaria.
  • los heridos y damnificados por la tragedia suelen ser miles, muchos miles de personas que necesitan nuestra ayuda en el momento y sobre todo, después.
    Y aquí llegamos al punto clave de esta cuestión:
  • el número de desaparecidos con probabilidades de ser encontrados con vida es muy pequeño y se va reduciendo con el paso de los días. Los perros de rescate son necesarios pero cada vez hay más equipos preparados en el propio país.

 

Por tanto, la pregunta que habría que empezar a hacerse sería ¿es eficaz desplazar varias personas con sus perros al otro lado del mundo para rescatar una persona o dos… o diez, sobre todo cuando hay suficientes equipos en el propio país y en los países vecinos? Una respuesta desde el corazón nos diría que sí, que una vida vale cualquier esfuerzo. Pero hagamos el planteamiento desde otro punto de vista. ¿Cuánto tardan en llegar esos equipos y cuánto dinero cuesta su traslado? ¿Por qué no emplear el dinero que gastarían en ese desplazamiento -que muchas veces no sirve para rescatar una sola vida- en ayudar a los heridos y damnificados? Su ayuda llegaría a muchas otras vidas. ¿Es que esas vidas cuentan menos que las de los que están bajo el escombro? ¿O es que esa ayuda no se ve y, por tanto, no “vende”? Porque no nos engañemos: los perros de rescate venden. La foto, el vídeo, vende. Y eso los políticos lo saben bien.

Es, cuanto menos, para plantearse todas estas cuestiones.

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Terremoto Mexico 1985

¡Pero yo quiero ayudar! ¿cómo puedo hacerlo?

Todo el que quiera ayudar, sea rescatista o no, puede hacerlo y para ello, la recomendación es muy sencilla: siempre a través de cauces oficiales.

Porque también en esto, para vergüenza del género humano, han surgido gusanos. Estafadores que abrieron falsas cuentas para recaudar dinero para los equipos caninos de rescate. Pero ese dinero obviamente no iba destinado a los equipos, sino a su propio bolsillo. Llamarles gusanos se queda corto.

Se puede ayudar enviando dinero o material que se necesite. En esto también conviene ser precavidos y enviarlo únicamente si hay solicitud oficial. Una acumulación de material no deseado también podría ser perjudicial.

Por eso, lo más conveniente es dirigirse a las páginas oficiales del gobierno o de las entidades oficiales reconocidas. El propio país suele informar de las cuentas para enviar la ayuda, el material que se necesita, donaciones de sangre, etc.

Este tipo de ayuda, ni vende, ni traerá foto o vídeo viral detrás. Pero este tipo de ayuda es efectiva 100% y esa ayuda llega a cientos, a miles de personas que también lo necesitan. A veces lo sensato es colgar el mono, guardar al perro y sentarse a buscar dónde poder enviar el donativo o el material.

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Qué no debo hacer

No hacer nada es mejor que hacerlo mal. Estas son algunas recomendaciones sobre lo que no se debe hacer bajo ningún concepto:

  • Ir sin ser activado oficialmente
  • Ir solo (se da por sentado que a nadie se le activa oficialmente para ir solo pero por si quedara alguna duda)
  • Si el grupo ha sido activado, presentarse en la zona sin la capacitación y logística necesaria para una intervención de esas características. Ambas son absolutamente necesarias.
  • Hacer caso a fuentes no oficiales sobre las necesidades: redes sociales, whatsapp, “me dijeron que en xxx hay personas sepultadas y se oyen voces”… Todo esto se repite, una y otra vez, con cada catástrofe. Muchas veces por imaginarlo, otras por transmitir un mensaje de boca en boca que se va distorsionando o incluso un mensaje que ha quedado lejos de su fecha original de emisión  que, pasados unos días, pierde el sentido.
  • No hacer caso a las recomendaciones de las autoridades. Aunque no estés de acuerdo. Lo último que debe hacer un rescatista es poner en duda los protocolos establecidos en cada situación. Y si alguien tiene que dirigirse a los medios, que sea un portavoz del grupo y únicamente para informar. Nunca para quejarse ni para autoproclamarse el mejor ni para vender el grupo, el método, mucho menos para hablar mal de otros. No es el momento, ni el lugar, ni es ético, ni profesional.

Las catástrofes van a seguir ocurriendo, eso es algo inevitable. Pero podemos hacer que el impacto de la catástrofe sea menor y que la ayuda que se proporcione sea la mejor ayuda. Y sobre todo, evitemos que la frase turismo de catástrofe, vuelva a ser la protagonista.

Y algo muy importante, que también ayuda: si observamos alguna actitud no profesional o que incurra en delito o en algo que simplemente nos parezca poco ético, denunciemos. La pasividad es cómplice del que comete el delito o la irregularidad. Seamos profesionales dentro y fuera de la catástrofe. 

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