Perros detectores: herramienta de trabajo o mascota

Son perros detectores, perros operativos, y a veces se les llama herramienta de trabajo. Este artículo intenta exponer el por qué de esta expresión, tan odiada a veces

herramienta de trabajo

Isabel Herrán | Perrosdebusqueda ©

Utilizar el término herramienta de trabajo parece que levanta ampollas entre muchos amantes de los animales en general y de los perros en particular. Incluso entre quienes trabajan con perros especializados en alguna disciplina de detección, hay quien se siente ofendido por su simple mención.

Pero veamos la realidad este término. O al menos, me gustaría exponer mi punto de vista personal, ya que utilizo mucho esta expresión y la seguiré utilizando. Y adoro a mis perros , a mis herramientas de trabajo.

Primero de todo: mi respeto y admiración por los perros las he plasmado durante muchos años a base de trabajo real y virtual. Creo que nadie puede tener dudas de lo que los perros significan para mí. Ni las mascotas, ni los perros de trabajo. Y he vivido y conozco perfectamente ambos conceptos.


Por qué herramienta de trabajo

Vaya por delante que siempre que utilizo esta expresión me refiero a un perro de cualquier especialidad operativa de detección. En mi caso particular, siempre he trabajado con perros de búsqueda de personas. Soy consciente de que, sin ellos, no habría sido posible mi trabajo. Y nadie puede negar que, sin ellos, no sería posible localizar a muchas personas con vida. O la droga escondida o el explosivo preparado para detonar o las células cancerígenas en unas muestras de orina o una subida de azúcar o… la lista es interminable.

Son herramientas de trabajo porque es a través de su olfato, de su trabajo, como conseguimos detectar el olor concreto, la sustancia. Es el objetivo prioritario. El trabajo lo desempeña un binomio, cierto pero para ser exactos, el humano es quien entrena al perro. Se convierte después en su acompañante, una ayuda, un guía, como su nombre indica. En realidad, nosotros somos ahí los compañeros del perro. Y es el perro, es el olfato canino el que nos ofrece los resultados.

¿Quizás el término estaría mejor empleado si lo enfocásemos únicamente al olfato? Tampoco, porque el perro es mucho más que olfato. De ahí que los inventos que se intentan no consiguen ni de lejos acercarse a la eficacia de un perro.

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Un perro de trabajo NO es una mascota

Quizás sea esta la razón por la que me gusta utilizar esta expresión. Un guía canino, en cualquier especialidad operativa, es decir, que implique operaciones reales como la búsqueda de personas, policiales, militares, médicas…  tiene que estar plenamente capacitado en todos los aspectos.

Y eso incluye tener claro que su perro no es una mascota. Puede convivir con su perro, de hecho es incluso recomendable pero siempre teniendo en cuenta que su perro mañana va a ser clave en casos en los que haya incluso involucradas vidas humanas. Y cuando envía a su perro a buscar a un edificio colapsado o a inspeccionar un camino, un edificio, un coche, en busca de artefactos explosivos ocultos, sabe que su perro corre un cierto peligro.


Cuando trabajamos en la formación de futuros equipos caninos, cuando en nuestras manos está explicar a los guías lo que significa una disciplina operativa, cobra especial importancia dejar bien claro cual va a ser su implicación real con su perro. Por desgracia no siempre se hace y muchos guías no son conscientes de su responsabilidad. Sobre todo en el campo del perro de rescate, donde la mayoría de binomios están formados por guías voluntarios con sus propios perros.

Por ejemplo, es muy común ver cómo una persona desea convertirse en guía canino de rescate porque tiene un perro con cualidades. Les apetece mostrar lo bueno que es su perro y de paso, ayudar a rescatar personas. Pero lo que no saben y nadie les dice, es que esa no es una razón para convertirse en especialista. No es un perro, no es nuestro perro. Somos nosotros. El perro pasa a un segundo plano porque mañana ese perro podría no valer o lesionarse o simplemente se jubilará.

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En el caso de los profesionales, se da el caso también de muchos guías que entran porque ‘en la unidad canina se vive mejor’ o que se anclan en un sueldo sin implicarse como debieran y al nivel que debieran.

La realidad no es, o no debería ser así. Un futuro guía canino, en cualquier especialidad, debería tener claro que no entra por su perro o por un sueldo o porque se vive mejor en la unidad canina. La implicación va mucho más allá de nuestro perro o de esas condiciones.

Y desde ese momento, desde que un guía se empieza a formar, es cuando debe aprender por qué se le llama herramienta de trabajo.


Herramientas de trabajo… y compañeros

Ahora bien, llamarlo herramienta de trabajo no está reñido con que también sean nuestros compañeros. Somos muy conscientes de que no son cosas y no nos hacía falta una ley para saberlo.
Son compañeros inestimables, los mejores. Se les quiere, igual que se quiere a un perro que simplemente conviva con notrosos. Y yo añadiría que se le quiere incluso más que muchos quieren a sus mascotas.

Cuando la relación está bien establecida, el vínculo que se genera entre un guía y su perro a través del entrenamiento continuo, es algo muy especial. El grado de confianza del uno en el otro, llega a un límite que difícilmente se alcanza por más que convivamos con el perro en casa como simple mascota.

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Como en todo, depende del guía y también depende mucho de sus circunstancias. No todos los guías pueden convivir con sus perros y aún así, el vínculo y el respeto que demuestran a su perro es enorme.

Algunas instituciones fallan estrepitosamente… y también los dueños de mascotas

También se da el caso de unidades caninas que no poseen las condiciones óptimas para sus perros, incluso se han dado casos de claro maltrato. Perros que pasan demasiado tiempo en sus cheniles, sin la atención y cuidados que requieren. Por desgracia, estos son los casos en los que llamarles herramientas de trabajo cobra su sentido literal de la forma más triste.  Las instituciones no son conscientes de que eso, además de ser maltrato, está mermando la capacidad operativa de sus equipos caninos. Y eso es muy grave.

Lo que nos debería molestar es ver determinadas situaciones, tanto en perros de trabajo como en mascotas, que no son ni de lejos admisibles para ningún perro.


Pero de igual forma, hay personas que conviven con sus perros alegando adoración, llamándoles amigos, compañeros, miembros de su familia… pero realmente no les están dando una vida digna de un perro. Un perro no es un niño, es un perro, con toda su exclusividad y valor como perro. Tratarlo como a un niño es una forma de maltrato.

Por eso, no hay que indignarse tanto por un simple término porque no es más que eso. Muchas veces, quienes llaman herramienta de trabajo a su perro, les muestran más respeto que muchos propietarios de mascotas.  Lo que nos debería molestar es ver determinadas situaciones, tanto en perros de trabajo como en mascotas, que no son ni de lejos admisibles para ningún perro.

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