Perros detectores: cuando la realidad pone a prueba el entrenamiento
El éxito en la detección de olores depende de la coordinación entre el perro y su guía, y no solo del olfato animal, según un estudio que analizó en video 109 búsquedas de equipos profesionales de narcóticos. La investigación reveló que, aunque los perros se acercaron a menos de un metro de casi todos los objetivos, los equipos solo hallaron el 42% de las sustancias debido a que los canes solo marcaron una de cada seis aproximaciones

Cuando hablamos de perros detectores solemos fijarnos en el resultado: encontró o no encontró. Pero ese resultado final no nos cuenta qué ha ocurrido durante la búsqueda.
Un estudio realizado con equipos profesionales de detección de narcóticos los ha puesto a prueba y ha analizado precisamente eso: cómo se desarrolla una búsqueda real y en qué momento se puede perder una detección.
Los investigadores observaron a 37 equipos profesionales durante 109 búsquedas realizadas en distintos entornos, tanto interiores como exteriores y con vehículos. Los guías no conocían la ubicación de los objetivos, y en las zonas de búsqueda también se colocaron diferentes distractores.
Y los resultados son bastante interesantes.
El perro estaba cerca… pero no siempre respondió
En total se escondieron 218 objetivos y los perros encontraron 92, es decir, alrededor del 42 %.
A primera vista podría parecer un porcentaje bajo. Pero cuando los investigadores analizaron lo que había ocurrido durante cada búsqueda apareció algo mucho más llamativo: los perros llegaron a menos de un metro del 92 % de los objetivos.
Es decir, en la mayoría de los objetivos que no fueron encontrados, el perro no había pasado simplemente por otro sitio.
Los objetivos que finalmente no fueron indicados recibieron varias aproximaciones. De media, los perros pasaron junto a ellos unas tres veces y acumularon alrededor de ocho segundos a menos de un metro.
La diferencia estaba en otro punto: el perro no respondió ante el olor.
Cuando se analizaron los diferentes pases, los perros indicaron aproximadamente el 17 % de las veces que pasaron por un objetivo, frente a un 3,7 % de los pases por los distractores. Por tanto, sí existía una clara discriminación entre objetivo y distractor, pero eso no significaba que el perro respondiera cada vez que estaba cerca de un objetivo.
Y aquí es donde el estudio empieza a resultar especialmente interesante para quienes trabajamos con perros de búsqueda.
Una búsqueda no la hace solo el perro
Los autores plantean la búsqueda como un sistema en el que participan dos individuos: el perro y el guía.
El guía decide por dónde se desplaza el equipo, cuánto tiempo permanece en una zona y dónde vuelve a realizarse el muestreo. El perro, por su parte, decide si responde o no ante lo que está percibiendo.
Por tanto, para que una búsqueda tenga éxito tienen que coincidir varias cosas: que el perro llegue al lugar adecuado, que pueda muestrear el olor y que responda ante él.
El estudio no encontró diferencias claras en el comportamiento de los guías cuando se acercaban a un objetivo frente a cuando se acercaban a un distractor. Esto resulta interesante porque, al menos con las variables que pudieron analizar, no parece que el guía estuviera dando conscientemente pistas diferentes ante los objetivos.
Eso no significa que se descarte cualquier influencia del guía. Los propios investigadores señalan algunas limitaciones importantes: no pudieron analizar aspectos como la mirada, la orientación corporal o determinadas señales muy sutiles de la correa.
La velocidad aparece relacionada con el éxito
Otro de los resultados que llaman la atención es la relación entre el ritmo de búsqueda y el número de objetivos encontrados.
Los equipos tendían a encontrar más objetivos en aquellas búsquedas en las que se desplazaban a mayor velocidad. Pero aquí hay que tener cuidado con la interpretación.
El estudio no dice que haya que hacer que el perro busque más deprisa.
De hecho, los autores señalan que la velocidad podría ser más bien un indicador de cómo está funcionando el equipo en ese momento. Una búsqueda más lenta puede estar relacionada con que el perro tenga dificultades, con que el guía no tenga claro hacia dónde continuar, con la dificultad del entorno o incluso con otros factores como la fatiga o el estado de activación.
Es una asociación interesante, pero no una receta de entrenamiento.
También se observaron diferencias entre equipos. Los perros de raza Malinois encontraron más objetivos y los equipos que habitualmente trabajaban sin correa obtuvieron mejores resultados. Sin embargo, los propios autores advierten de que estos datos deben interpretarse con prudencia porque el número de equipos estudiados es reducido.
Además, una diferencia asociada a la raza no significa necesariamente que la raza, por sí misma, sea la causa. Puede estar reflejando también diferencias en selección, entrenamiento o experiencia.
Los distractores también cuentan
El estudio encontró otro aspecto especialmente interesante: los falsos positivos no parecían ser simplemente una característica permanente de determinados equipos.
Algunos distractores provocaron muchas más respuestas que otros. Entre ellos destacaron especialmente los alimentos y los billetes en circulación.
En el caso de la comida, los investigadores plantean que puede estar relacionada con el interés del perro por ese estímulo. En el caso de los billetes, apuntan entre otras posibilidades a la contaminación por trazas de sustancias o a asociaciones aprendidas durante el entrenamiento.
Esto tiene una consecuencia práctica evidente: si queremos conocer realmente el comportamiento de un equipo de detección, los distractores no pueden ser un elemento secundario del entrenamiento.
No basta con enseñar al perro qué debe encontrar. También hay que conocer qué cosas pueden provocar respuestas incorrectas y trabajar con ellas en diferentes contextos.
El dato que más interesa
Para quienes trabajan con perros de búsqueda o detección, probablemente lo más interesante del estudio no sea que los perros encontraran el 42 % de los objetivos, sino descubrir dónde se produce la pérdida.
Los perros llegaron cerca de prácticamente todos los objetivos. Los guías interpretaron como indicación del perro casi todas las veces que el perro mostró una conducta que podía interpretarse como indicación (alertas naturales). Y, sin embargo, muchos objetivos no fueron encontrados porque, al pasar junto a ellos, el perro no respondió.
Eso cambia bastante la forma de mirar el resultado.
Un «no encontró» no nos dice si el perro nunca llegó al lugar, si no pudo acceder correctamente al olor, si percibió el olor pero no respondió, si el guía no permitió suficiente muestreo o si intervinieron otros factores.
El estudio no pretende convertir una búsqueda fallida en responsabilidad exclusiva del perro ni del guía. Precisamente al contrario: pone de manifiesto que la búsqueda es un trabajo conjunto.
Y creo que esa es una de las principales aportaciones de este trabajo. Analizar únicamente el resultado final puede hacernos perder mucha información. Mirar lo que ocurre durante la búsqueda permite empezar a preguntarnos algo mucho más útil: ¿en qué momento y por qué se perdió la detección?
Porque saber que un perro no encontró un objetivo es importante. Pero saber que pasó tres veces a menos de un metro de él y no respondió nos proporciona una información completamente diferente.
Y, sobre todo, mucho más útil para intentar entender y mejorar el trabajo de un equipo de detección.
Referencia: Kaufhold, S. P., Terwilliger, J., Kefer, S. y Rossano, F. The search process of professional detection dog teams in realistic environments. University of California San Diego.



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