Una nariz electrónica para estudiar el olfato de los perros detectores de restos humanos

Un estudio piloto compara las respuestas de tres perros detectores de restos humanos con las mediciones de una nariz electrónica. El objetivo es investigar si esta tecnología puede ayudar a comprender mejor qué detectan los perros durante una búsqueda.

nariz electrónica
nariz electrónica NOSE

El olfato canino sigue siendo una herramienta fundamental en la búsqueda de restos humanos. Sin embargo, todavía quedan preguntas sobre los compuestos que intervienen en la detección, cómo evoluciona el olor de un cadáver y qué relación existe entre las señales químicas que podemos medir y las respuestas de un perro entrenado.

Un estudio publicado en la revista científica PLOS ONE aborda algunas de estas cuestiones. Un equipo de investigadores australianos ha comparado el trabajo de tres perros detectores de restos humanos con las mediciones de una nariz electrónica en un escenario de enterramiento clandestino simulado.

La investigación explora una posibilidad interesante: utilizar instrumentos capaces de registrar patrones químicos para estudiar las condiciones en las que trabajan los perros y, en el futuro, contribuir a mejorar la evaluación de sus búsquedas.

¿Qué es una nariz electrónica?

Una nariz electrónica es un dispositivo diseñado para detectar patrones de respuesta ante determinadas sustancias volátiles presentes en el aire.

A diferencia de un perro, no dispone de un sistema olfativo biológico. Utiliza sensores que responden a determinadas características químicas y genera datos que posteriormente pueden analizarse mediante métodos estadísticos.

En este caso, los investigadores utilizaron un dispositivo denominado NOS.E, equipado con cinco sensores de óxido metálico. El aparato se empleó para recoger información sobre los compuestos volátiles presentes en el entorno del enterramiento.

Es importante entender que estos sensores no identifican necesariamente cada olor de forma individual. Sus respuestas dependen de las sustancias presentes, de las características de la mezcla y de las condiciones en las que se realiza la medición.

¿Cómo se realizó el estudio?

La investigación se desarrolló en Australia, en colaboración con la policía de Nueva Gales del Sur, y utilizó un escenario de enterramiento humano.

El cuerpo llevaba 98 días enterrado cuando comenzaron las pruebas. El seguimiento se prolongó hasta los 161 días desde la muerte.

Participaron tres perros detectores de restos humanos acreditados por la unidad canina de la policía de Nueva Gales del Sur. Durante las búsquedas, los investigadores recogieron muestras de aire tanto en el lugar del enterramiento como en zonas de control, para comparar los resultados obtenidos por los perros con las respuestas de la nariz electrónica.

Además, las muestras se analizaron mediante cromatografía de gases bidimensional y espectrometría de masas (GC×GC-TOFMS), una técnica analítica que permite separar y caracterizar numerosos compuestos presentes en mezclas complejas.

La combinación de estos métodos permite estudiar el problema desde distintas perspectivas: la respuesta conductual del perro, las señales registradas por los sensores y la composición química de las muestras.

¿Qué encontraron los investigadores?

Los análisis identificaron distintas clases de compuestos volátiles relacionados con la descomposición, entre ellos compuestos que contienen azufre y nitrógeno, alcoholes, alcanos y aldehídos.

Los investigadores también estudiaron la relación entre las mediciones de la nariz electrónica y las alertas de los perros. Observaron patrones de asociación entre las respuestas instrumentales y las alertas consideradas verdaderas, aunque esas correlaciones no alcanzaron significación estadística.

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Por tanto, los resultados no permiten afirmar que la nariz electrónica pueda predecir de manera fiable cuándo un perro encontrará o señalará unos restos humanos. Se trata de una primera aproximación a la posible relación entre ambas fuentes de información.

El diseño experimental también merece atención: el entrenador principal conocía la ubicación del enterramiento, por lo que el estudio no fue completamente doble ciego.

¿Puede ayudar esta tecnología a mejorar el adiestramiento?

Esta es, probablemente, una de las cuestiones más interesantes del trabajo.

En el adiestramiento de perros detectores, el resultado de una búsqueda suele evaluarse a partir de la conducta del animal y de la información disponible sobre la presencia o ausencia del objetivo. Conocer mejor el entorno químico en el que se produce la búsqueda podría aportar información complementaria.

Una nariz electrónica podría ayudar a investigar cómo cambian las señales químicas con el tiempo, qué diferencias existen entre el lugar donde se encuentran los restos y las zonas próximas, o cómo influyen determinadas condiciones ambientales en las mediciones.

También permitiría formular nuevas preguntas sobre la relación entre la disponibilidad de compuestos volátiles y las respuestas de los perros.

Para demostrar que esta información mejora realmente el adiestramiento, sin embargo, habría que comprobarlo mediante estudios específicos. Registrar una señal química no demuestra por sí solo que esa información permita entrenar mejor, evaluar con mayor precisión o mejorar el rendimiento de un equipo canino.

Detectar un compuesto no es lo mismo que localizar un objetivo

Conviene detenerse en una distinción fundamental para quienes trabajamos con perros detectores.

Una cosa es registrar determinados compuestos químicos en una muestra de aire. Otra es que un perro discrimine los estímulos relevantes para la tarea, localice el objetivo y produzca una respuesta entrenada que pueda interpretarse correctamente.

La detección instrumental y la detección canina no son procesos equivalentes. Los sensores tienen sus propias características de sensibilidad y selectividad, mientras que los perros trabajan con un sistema olfativo biológico complejo y con conductas moldeadas mediante el aprendizaje.

Por eso, ambas fuentes de información pueden ser complementarias, pero no deben confundirse. Una medición química no confirma automáticamente una alerta, del mismo modo que la ausencia de una señal registrada por un sensor no demuestra que el perro no deba responder.

Un primer paso para seguir investigando

El trabajo publicado en PLOS ONE aporta una aproximación experimental al uso de una nariz electrónica en un contexto de búsqueda de restos humanos. Su interés está en explorar si las mediciones instrumentales pueden complementar la información obtenida mediante perros detectores.

El siguiente paso será comprobar si los resultados se reproducen en otros enterramientos, con más perros y bajo diferentes condiciones ambientales. También será necesario evaluar si la información aportada por los sensores ofrece una ventaja práctica para el entrenamiento o la valoración de los equipos.

La tecnología puede abrir nuevas vías de investigación, pero su utilidad dependerá de lo que sea capaz de aportar en condiciones reales de trabajo.

En el ámbito del olfato canino, medir mejor es una oportunidad. Entender qué significan esas mediciones y cómo se relacionan con el trabajo de los perros es el verdadero reto.


Referencia científica

Brown, A. O. y colaboradores. A case study comparing the detection ability of cadaver detection dogs and electronic nose technology to a clandestine grave. PLOS ONE, 21 de octubre de 2026.

Leer el estudio científico completo

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