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Castigo y nivel de arousal en el perro de búsqueda

Cómo influye el nivel de arousal en el trabajo con perros. Y qué ocurre cuando se aplica el castigo durante el entrenamiento o trabajo del perro

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“El rendimiento, en una primera etapa aumenta linealmente con el nivel de arousal (drive o alerta) hasta alcanzar un punto máximo, a partir del cual, un aumento del arousal ya no sería beneficioso, sino que traería consigo un deterioro en la ejecución”  (Yerkes y Dodson, 1908)

Por: Inma Soto y Lilo Muñoz 

Cuando estamos seleccionando o entrenando un perro de búsqueda, siempre prestamos mucha atención a la capacidad de concentración que pueda tener cada uno de los perros. El nivel de Arousal o alerta de cada perro es individual y será mayor o menor, dependiendo tanto de las características de cada animal en particular, como del tipo de entrenamiento que se haya hecho con él, como de las condiciones del entorno en el que se desarrolla el trabajo.

Pero ¿de qué manera influye este nivel de arousal en la ejecución del trabajo? ¿Qué consecuencias podría tener seguir aumentando este nivel cuando el resultado de la ejecución está siendo bueno?

En la gráfica que encuentras a continuación, vemos la relación directa entre el nivel de alerta (drive o arousal) y la ejecución del trabajo.arousal

Antes de comenzar un entreno o una búsqueda real, nuestro perro se encuentra relajado en la parte izquierda de la gráfica.

En el momento de colocarle el arnés de trabajo, el perro sabe que va a empezar a buscar y aumentará su grado de arousal, permaneciendo atento a las indicaciones del guía que será el que le comunique que comienza la búsqueda.

Una vez el perro escucha el comando de salida, el comienzo del trabajo, irá subiendo su nivel de alerta hasta colocarse en un punto óptimo, que permita que la ejecución del trabajo sea buena.

Hay mucha tendencia a apretar a los perros y exigirles más de lo que realmente pueden aportar en ese momento y esta práctica es justo la que hace que muchos perros cometan errores o abandonen el trabajo de manera repentina.

Es importantísimo conocer el nivel de Arousal que tiene cada perro en particular, para poder ajustar la exigencia en el trabajo a cada individuo.

Como vemos en la gráfica anterior, si traspasamos el nivel de arousal óptimo, empezaremos a obtener por parte del perro una ejecución del trabajo cada vez más pobre, por lo que estaremos rompiendo el objetivo del ejercicio.

Nivel de arousal en los perros de búsqueda

En el caso de búsqueda, el perro enfrenta dos trabajos diferenciados a la hora de acometer  y/o entrenar su especialidad:

  1. Análisis de la situación: demandas y exigencias del entorno, grado de dificultad.
  • Comprensión: A nivel cognitivo, tanto de las demandas y exigencias como de los recursos disponibles, de las consecuencias (no se va a tirar por un tajo en caída libre) y percepción de sus propias reacciones cerebrales (“he visto un pájaro, importa o no importa”)
  • Respuesta emocional: Tensión muscular, aumento de conductancia vascular…

 

  1. Presentación de Conducta: toma de decisiones, percepción y aprendizaje.

Es obvio que cualquier situación forzada sin entrenamiento previo tanto de gestión cognitiva como emocional o física puede dar lugar a un deterioro en la ejecución del trabajo presentado. Pero, ¿qué ocurre si decidimos utilizar el castigo para disminuir la probabilidad de que acontezca la presentación de una ejecución deteriorada o que el ejemplar decida abandonar el trabajo?

En algunos casos nos encontramos guías que utilizan el castigo con el objetivo de ‘corregir’ o ‘disminuir la posibilidad de que vuelva a aparecer una ejecución deteriorada de la conducta o que el perro abandone el trabajo’.

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¿Pero qué ocurre con el resto factores que influyen en la conducta?

Porque para que una conducta tenga una buena ejecución, tienen que estar en armonía tanto la comprensión de la misma, como el nivel emocional que tiene el perro en ese momento y el modo en que se presenta la conducta a realizar (decisión, percepción, aprendizaje).

Es indiscutible que cuando castigamos al perro (castigo positivo) estamos añadiendo algo que para el perro es negativo (un ¡NO!,  sería suficiente).

Al castigar al perro, posiblemente consigamos que deje de hacer lo que estaba haciendo, pero no podemos olvidar que estamos añadiendo estrés a una situación precisamente provocada por un exceso de estrés.

Al añadir estrés, el nivel emocional del perro se eleva, de manera que la comprensión del ejercicio se reduce, al igual que la capacidad de percepción real del problema y la toma de decisiones del perro ante el ejercicio que se le ha presentado.

De esta manera, vemos como el uso del castigo positivo (físico o verbal) en el trabajo de búsqueda, lejos de conseguir el objetivo de disminuir la probabilidad de que el perro abandone el trabajo, lo único que consigue es que el perro cada vez esté más estresado, cada vez cometa más fallos y cada vez tenga un nivel de arousal más bajo, tras el cual será incapaz de realizar una buena ejecución.

En cambio, si en ese momento lo que aplicamos es castigo negativo, sacándolo del trabajo, en este caso el castigo está potenciando la conducta que queríamos reducir, al estar dándole al perro lo que él necesitaba que era terminar el trabajo. Pero en este caso no sólo estamos reforzando el hecho de que se termine el trabajo sino que estamos haciendo una instantánea del estado emocional del perro, que será lo que recuerde la próxima vez que vuelva a trabajar. Un estado emocional de bloqueo y agotamiento premiado con el fin del trabajo. Al estar premiando estos estados emocionales,  tenderán a aparecer cada vez más pronto en cada entrenamiento, de manera que el punto óptimo de arousal de ese perro se verá reducido considerablemente.

Si se realiza esta práctica continuamente, tendremos finalmente un perro que directamente no podrá trabajar en un equipo de rescate porque ha perdido por completo la motivación por el trabajo y está bloqueado porque su nivel emocional ante el mismo le prohíbe utilizar su parte cognitiva para poder solucionar el problema. Nos encontramos ante perros que sienten que da igual lo que hagan, que jamás serán capaces de solucionar el problema, aunque ese problema sea muy sencillo de resolver.

A grosso modo, podríamos pensar que lo que le ocurre a ese perro es similar a lo que le ocurre a un perro que sufre de “indefensión”.

El castigo en los diferentes niveles de arousal

Vamos a analizar cada una de las partes de la gráfica, para saber qué ocurre al introducir el castigo en cada una de ellas.

1.- Antes de rebasar el nivel óptimo de arousal. En caso de aparecer el castigo en esta parte de la gráfica (parte izquierda), pueden ocurrir dos cosas. La primera, que el nivel de alerta o arousal baje al introducir ese ¡NO! precisamente cuando estábamos llegando al punto óptimo, consiguiendo así un retroceso en la buena ejecución de la conducta. Pero también puede pasar lo siguiente: el perro deja de hacer lo que estaba haciendo y aumenta su nivel de arousal o alerta pero no lo hace de una manera natural sino que lo hace de una manera forzada, por lo que la probabilidad de que traspase este nivel óptimo de arousal antes de lo habitual en él es muy elevada. Deberíamos terminar el ejercicio antes de que esto ocurra.

2.- Justo en el punto óptimo de arousal. Este punto será diferente para cada perro en particular. Si utilizamos el castigo en este punto óptimo, automáticamente el perro rebasará el punto óptimo y empezará a desarrollar la conducta cada vez peor. Empiezan a aparecer los primeros síntomas de que el perro ha rebasado ese nivel de alerta. Empiezan los primeros errores en la toma de decisiones por parte del perro.

3.- Una vez se ha rebasado el punto óptimo de arousal. El perro ya ha traspasado su punto óptimo de arousal y empieza a cometer errores. Cuando introducimos el castigo en este punto aparecen unos síntomas tales como ansiedad, agresividad, falsos marcajes (quiere que termine cuanto antes el trabajo) o directamente abandona el trabajo por agotamiento. Ya no es capaz de pensar debido a su estado emocional y sólo le queda una salida natural que es intentar, por sí mismo, reducir el nivel de estrés que le ha provocado la situación.

De esta manera y para finalizar, podemos concluir que el uso del castigo en el trabajo con perros tiene unas consecuencias nefastas (en todos y cada uno de los niveles de arousal del perro), tanto en la ejecución del trabajo, como en el estado físico y emocional del animal que puede producir graves problemas de salud en el mismo.

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Todos hemos sufrido alguna vez un estado de estrés que nos ha llevado al agotamiento y todos hemos necesitado rebajar ese nivel de estrés porque estaba empezando a afectarnos físicamente. Cuando utilizamos el castigo en el trabajo con los perros, estamos elevando continuamente los niveles de estrés y, si no ayudamos al perro a rebajarlos, podemos estar conscientemente perjudicando su salud.

Así, una acción que tenía como objetivo que desapareciera una conducta para favorecer una buena ejecución de un trabajo, puede destruir por completo todo el trabajo previo que habíamos realizado con el perro y, en casos más graves, puede provocar que ese perro ya no quiera ni pueda desempeñar correctamente nunca más ese trabajo que anteriormente le encantaba realizar y lo hacía de maravilla.

NOTA IMPORTANTE: Piensa que esos síntomas que hemos explicado tales como la ansiedad o la agresividad, que aparecen cuando introducimos el castigo una vez sobrepasado el nivel óptimo de arousal, son estados emocionales malos para el animal provocados por un exceso de estrés y volverán a aparecer cuando se rebaje el nivel de arousal en un animal que ha abandonado el trabajo por agotamiento lo cual es muy peligroso, tanto para los guías como para la víctima.

Casos posibles más comunes

1. “NO”. Lo podemos observar con más frecuencia de la deseada en los casos de ser usado como orden de corte de distracción para redirección una vez superado el grado máximo de arousal, (castigo positivo) sobre todo en los primeros ejercicios de ciego y doble ciego. El castigo positivo aumentará el nivel de estrés, rebajará el drive del ejemplar y, de continuarse durante el ejercicio, le llevará al agotamiento y puede dar lugar a todas las posibilidades anteriormente mencionadas. Por regla general, es el nerviosismo del guía en su primer ciego o doble ciego el que impide al mismo hacer una lectura correcta del perro, perdiendo de vista la calidad y nivel de trabajo de su perro y apoyándose en sus experiencias anteriores como rescatista. Se nos viene a la memoria un ejercicio de doble ciego en un aéreo, donde el perro insistía en oler el suelo bajo un árbol en concreto y el guía lo sacaba de allí continuamente. El fallo cometido fue la no información al equipo de que dicho perro no había terminado su entrenamiento en aéreos, la inclusión por parte del guía de su binomio en un ejercicio para niveles casi operativos y la falta de confianza en el perro, amén de obviar la lectura de las señales que estaba ofreciendo. En este caso, el castigo positivo la conducta que inhibió fue la de búsqueda del figurante.

2. Apartar al perro del trabajo. Realmente es un castigo negativo pero además, le puede llegar información sesgada al perro, confundiéndole y tener consecuencias posteriores. Una de las informaciones sesgadas que le pueden llegar es que existe la posibilidad elevada y real de que su guía le corte la secuencia de trabajo en cualquier momento. Es algo que le gusta hacer, se le ha elegido por ese potencial y esas características amén de por su motivación y voluntariedad, así que… casi podemos concluir que estamos castigando instintos. Si la búsqueda es el inicio de la secuencia de caza y es lo que potenciamos en un perro ByR, y castigamos no sólo su pulsión (alta o baja) sino su instinto…en algún momento esa inhibición de instinto se reconducirá a su estado natural  y nos podrá sorprender con una persecución de cualquier animal en mitad del trabajo dejándonos atónitos puesto que nunca lo había hecho antes y era un objetivo trabajado y alcanzado con anterioridad (o al menos eso es lo deseable). En este caso, el castigo negativo vuelve a inhibir la conducta de búsqueda del figurante. Y, lo que es peor, lo habremos usado tan mal que dicho castigo negativo reforzará una conducta, la de perseguir otros animales, que da salida a su instinto natural. Si un castigo termina reforzando una conducta… algo estamos haciendo mal, ¿no?

3. Rebajar grado de arousal con castigo positivo. Si de donde no hay no se puede sacar, de donde hay no debemos castigar. Lo que más he podido observar son casos de perros muy “apasionados por su trabajo” (lease con un elevado nivel de estrés que el guía no ha podido trabajar con anterioridad o que en ese momento las circunstancias no permiten rebajarlo a tiempo y con calma) y guías nerviosos y ansiosos por mostrar la buena ejecución de un trabajo que, en ese momento, desafortunadamente no se va a poder dar. En ejemplares jóvenes se suele utilizar este tipo de castigo en lugar de gestionar los niveles de estrés, entrenar al perro en soporte de frustración y aprovechar su capacidad de resiliencia. En ejemplares adultos, si este trabajo no está ya hecho, poco o nada vamos a poder hacer como guías en un momento determinado donde las circunstancias del entorno, por ejemplo, sean las causantes del aumento de “energía y afán por el trabajo” (estrés) del perro. Si bien es algo que no se da con asiduidad en el trabajo de búsqueda y rescate en sí, sí en cambio es observable en buena parte del entrenamiento en obediencia que se les exige a dichos ejemplares. Sobre todo, solemos confundir una salida concentrada, atenta y tranquila con un estado de inhibición de conducta, estrés y saturación provocados por un castigo positivo. En muchas ocasiones, al “calmar” al ejemplar en la salida, los guías, vía castigo positivo, sólo consiguen una apariencia de tranquilidad, siendo esta confusión más que visible en el momento en que el perro es liberado y comienza a trabajar… rápido, desconcentrado y mal. Como antes hemos mencionado, la repetición continuada de este tipo de castigo, ejecutado en el nivel emocional más alto previo a la búsqueda, podrá repercutir en un aumento de presentación de errores por parte del ejemplar durante el desarrollo de su trabajo, que es justamente lo contrario a lo que queremos conseguir, al haber interferido a priori en el proceso de análisis de la situación.

Como conclusión, una frase que tiene mucho que ver con el tiempo que invertimos en nuestro trabajo: “Vamos despacio porque vamos lejos”. Si bien no vamos a rebatir que el castigo sea uno de los paradigmas del aprendizaje, sí vamos a hacer una aclaración: todo lo que usemos para tomar un atajo, probablemente nos depare un retraso en el futuro.

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