Volver a las bases con los perros ecodetectores: fundamentos para el éxito

No existe un modelo único para convertirse en guía de perros ecodetectores. Pero incorporar una serie de conceptos fundamentales al entrenamiento profesional puede ayudar a optimizar la tasa de detección, minimizar la frustración de guía y perro, y maximizar el éxito

perros ecodetectores
Foto: Eccotrenca

Autoras: Karen E. DeMatteo, Barbara Davenport y Louise E. Wilson
Fuente: Wildlife Biology, 2019(1) Published By: Nordic Board for Wildlife Research
Traducción: María Fonseca | PerrosdeBusqueda

El uso de perros detectores en estudios de conservación se ha expandido a múltiples especies, condiciones y hábitats. Sin embargo, es incorrecto asumir que el potencial asociado a estos estudios esté automáticamente vinculado al sentido del olfato del perro. En su lugar, una tasa precisa de detección con perros depende directamente de muchas consideraciones durante el adiestramiento de los binomios. Seleccionar a un perro de detección va estrechamente vinculado a un planteamiento de estudio claramente definido. Y debe equilibrar varios factores: la capacidad olfativa, su morfología, el nivel de energía, su personalidad y habilidades sociales. La selección de muestras de entrenamiento debe asegurar una variación suficiente en especies objetivo y no objetivo, independientemente de si el objetivo es localizar evidencias de la presencia del animal (excrementos, plumas) o al animal físico. Así como no todos los perros son adecuados, no todas las personas son aptas para este tipo de trabajo. El guía debe ser consistente y estar atento a los detalles, con una increíble resistencia física y mental para aguantar todo el tiempo en la actividad. Hacer pruebas en situaciones de campo controladas puede determinar si las personalidades del perro y el guía se compenetran, asumiendo el tiempo necesario para ser capaces de “leerse” el uno al otro. Un buen entrenamiento del perro y el guía es esencial, prestando especial atención a las reacciones naturales del primero. Una vez que se completa el entrenamiento del equipo, las pruebas deben imitar las condiciones de campo. Pese a que en los estudios sobre perros ecodetectores o perros para la conservación de la naturaleza no existe un modelo único para convertirse en guía, el hecho de incorporar estos conceptos fundamentales en un entrenamiento profesional puede ayudar a optimizar la frecuencia de detección de muestras, minimizar la frustración del guía y del perro y maximizar el éxito general con esta técnica.

Foto: Eukeni Etxebarria

Los estudios con perros ecodetectores no se limitan a una sola especie o ni siquiera a un solo grupo taxonómico. Varios proyectos han demostrado cómo los perros detectores están ayudando en la conservación detectando especies raras, en peligro de extinción o difíciles de estudiar (Smith et al. 2003, Cablk y Heaton 2006, Long et al. 2007b, DeMatteo et al. 2009, Goodwin et al. 2010, Kerley 2010, Arandjelovic y col. 2015, Cristescu et al. 2015, Lehnert y Semanas de 2016, Nielson et al. 2016, McLean y Sargisson 2017, Hollerbach et al. 2018). Su uso incluso se ha expandido incluir investigaciones para detectar especies invasoras, el furtiveo y peligros ambientales (Engeman et al.2002, Hauser y McCarthy 2009, Vice et al. 2009, Gsell y col. 2010, Woollett (Smith) y col. 2014, Richards 2015, Glen et al. 2016, Springer 2016, Ward et al. 2016). Al utilizar perros ecodetectores no hace falta atraer a un animal a un área en particular para capturarlo directamente (cepos, trampas de lazo) o de forma indirecta (cámaras trampa, estaciones de seguimiento, respuestas a reproducciones de sonidos). Esto permite investigar más allá de los senderos y también fuera de las áreas protegidas (Wasser et al. 2012, DeMatteo et al. 2014a, Woollett (Smith) y col. 2014). De hecho, la capacidad de los perros ecodetectores para trabajar en una variedad de condiciones ha permitido que los estudios se amplíen a una variedad de hábitats, ecosistemas y eco-regiones (Wasser et al.2004, Harrison 2006, Rolland et al. 2006, Vynne y col. 2011, Oliveira et al. 2012, DeMatteo et al. 2014b, Clare y col. 2015). La información obtenida de muestras localizadas por perros detectores ha sido utilizada para desarrollar acciones aplicadas de gestión, incluida la derivación de estimaciones de población (Long et al. 2007a, Wasser y col. 2011, Russell y col. 2012, Thompson y col. 2012, Davidson y col. 2014) y modelando un corredor biológico multiespecie (DeMatteo et al.2017).

El potencial de los estudios de perros detectores puede dar lugar a la idea errónea de que existe una relación entre el sentido del olfato de un perro y resultados significativos y revolucionarios de la investigación. En cambio, la tasa precisa de detección puede estar directamente relacionada con muchos factores del adiestramiento del equipo canino (Wasser et al.2004, Kerley y Salkina 2007, Long y col. 2007a, MacKay y col. 2008, Jezierski et al. 2014, Clare y col. 2015, Minhinnick 2016, Johnen et al. 2017). Además de que no todos los perros y no todas las personas son aptos para este tipo de trabajo, hay algunos factores clave que deberían evaluarse antes de iniciar al guía y al perro en cualquier tipo de entrenamiento. Y hay otros factores que se deberán tener en cuenta durante este proceso. Este documento no pretende ser una guía de entrenamiento para guías de perros de detección de vida salvaje, ya que no existe un modelo único que abarque la inherente variación y requisitos únicos a lo largo de todos los estudios (Johnen et al.2013, Beebe et al. 2016). Sin embargo, las posibles diferencias en la selección y el entrenamiento promueven mucho el entrenamiento o liderazgo profesional (Beebe et al. 2016; Orkin et al. 2016). Este estudio tampoco busca evaluar o recomendar una estrategia o patrón óptimo de búsqueda (Glen y Veltman 2018,Glen y col. 2018), ya que los factores que influyen en estas decisiones son numerosos (tipo de terreno, vegetación, características de la especie objetivo, clima, equipo canino, objetivos del estudio, condiciones de la muestra) y varían en el día a día y entre los distintos estudios. Al contrario, el objetivo es proporcionar una guía sobre los elementos fundamentales que pueden ayudar a mejorar la precisión y fiabilidad de los estudios con perros detectores de conservación: la selección del perro detector, las muestras para el entrenamiento, la selección del guía, el entrenamiento del guía y del perro y los ensayos de prueba. Es esencial que la elección y la formación del guía se consideren igual de importante que la selección y adiestramiento del perro. Equilibrio de los criterios visuales (morfología, energía, impulso) para seleccionar un perro detector que se adapte a la personalidad del guía, la especie objetivo y las condiciones de estudio optimizarán la tasa de detección de muestras, minimizarán la frustración del guía y del perro y maximizará el éxito general de los estudios de vida salvaje con perros detectores (Jezierski et al. 2014, Beebe et al. 2016, Jamieson et al. 2017).

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Foto: Odor Naturae

Diseño del estudio

Antes de cualquier selección o entrenamiento del equipo canino, es esencial que las metas y objetivos del estudio estén claramente definidos. Esto incluye las especies objetivo, las condiciones del hábitat, la potencial estacionalidad, el tipo y número de muestras necesarias, y la duración de la investigación. Definiendo las necesidades de recopilación de datos y el alcance del proyecto, se pueden considerar qué técnicas podrían utilizarse y los pros y contras de cada una de ellas. Este proceso es esencial para determinar si un perro de detección es la mejor técnica según el diseño del proyecto (Long et al.2007a, MacKay et al. 2008, Hayes et al. 2018). Si un perro detector es visto como la mejor estrategia, entonces el equipo puede dar el siguiente paso para seleccionar al perro, recopilar muestras para el entrenamiento, seleccionar al guía, entrenarles y hacer ejercicios de prueba. Estos preparativos pueden extenderse a estudios piloto donde los protocolos propuestos se prueban y modifican (Long et al. 2007a).

Lo que no es conveniente es adaptar un diseño de proyecto a un perro de detección en particular. Cuando el proceso va en esta dirección es posible que surjan múltiples conflictos o problemas. Esto puede incluir la resistencia del perro detector para localizar un olor particular (p.ej. respuestas de miedo), comportamientos que impiden la recopilación de muestras (marcaje con orina por dominancia en los target de muestras, excavar, morder las muestras). Oo incluso acciones que físicamente ponen en riesgo la vida silvestre local (respuestas innata de persecución y/o captura de animales vivos). Además, las características físicas del perro pueden hacer que el trabajo sea difícil o peligroso, incluyendo una estatura poco adecuada (demasiado baja, de patas demasiado largas), características físicas erróneas (pelo largo, piel fina), o el malestar por las condiciones ambientales (demasiado musculoso, braquiocefálico o de nariz corta).

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Además, los métodos de campo comúnmente utilizados (búsquedas por transectos o franjas lineales) probablemente requieran modificaciones para que adecuarlas para el uso de perros ecodetectores (MacKay et al. 2008). Es poco realista establecer tiempos de búsqueda con perros de detección iguales a lo que se espera de los equipos compuestos solo por humanos. Sobre esto último, una franja de 10 km podría cubrirse en un solo día, al mantener una línea principal. Sin embargo, debido a que la cobertura con un perro detector se extiende fuera del transecto principal y expande el área a cubrir (p. ej., 4 a 5 veces; DeMatteo et al. 2009) pueden necesitarse varios días. Otra restricción común que no funciona con perros detectores es definir el ancho de la franja. Si bien esto viene bien para el trabajo humano, establecer una distancia desde la línea principal no significa nada para un perro que está catalogando cada olor traído por el viento. De hecho, nos arriesgamos a perjudicar la habilidad del perro si lo restringimos dentro de un parámetro o distancia establecidos. Además, los transectos son, por naturaleza, un enfoque sistemático para la recopilación de datos. Aplicar estos estrictos estándares para perros de detección puede dar problemas, ya que puede que no se tengan en cuenta los cambios que afectan a la búsqueda olfativa del perro: tipo de terreno, dirección del viento, temperatura ambiente y humedad relativa. Además, forzar una búsqueda sistemática puede resultar en el fracaso de la detección de las muestras, especialmente en especies que depositan excrementos en montones o cuando las franjas no cubren el hábitat específico de la especie (Long et al. 2007a, Glen et al. 2016).

Si se determina que un perro detector es apropiado para el proyecto, parte de la planificación del proyecto debe abordar lo que se hace con el perro al final de la temporada (MacKay et al. 2008). Por lo general el perro se le da a alguien (p.ej. al guía) para que lo lleve casa. Si es el guía, ¿tiene empleo fijo o por temporadas? ¿Cómo mantendrá al perro fuera de la temporada? ¿Cómo se mantendrá al perro para su utilización futura? (peso, entrenamiento) ¿Es posible seguir entrenando y hacer ejercicios de prueba fuera de la temporada o tiene la especie objetivo una limitación estacional (p.ej. especies vivas en peligro de extinción)? ¿Es tan fuerte el temperamento/impulso del perro para mantener éticamente su trabajo fuera de temporada? Si bien siempre hay excepciones, uno debe prepararse para la posibilidad de que un perro altamente preparado que trabajará muchas horas y cubrirá los kilómetros que un proyecto puede necesitar, es posible que no desee volver a convertirse en una mascota corriente que permanezca en casa durante horas mientras la gente va a trabajar. Esto ocurre sobre todo con los perros más jóvenes, aunque este problema puede mejorar con la edad dependiendo del temperamento básico del perro y la ética de trabajo. Además, llevar al perro a caminatas por el bosque sin tener el trabajo como meta puede deteriorar el optimismo y la ética de trabajo del perro. No importa la cantidad de tiempo dedicado fuera de temporada o si se usa el mismo guía de la última vez. Al volver a poner a trabajar a un perro después un período de tiempo de descanso es importante no escatimar en el entrenamiento y en el tiempo de prueba necesario para que el equipo esté de nuevo en forma. El tiempo necesario para estas pruebas de actualización es independiente del número de olores en los que el perro esté entrenado (Williams y Johnston 2002). Dependen de la dinámica individual del equipo canino.

Tertulia Canina sobre perros ecodetectores o perros para la conservación de la naturaleza

La selección del perro ecodetector

Seleccionar un perro detector no es tarea fácil. No hay una raza, edad o sexo que sea el más apropiado. Sin embargo, la selección debe equilibrar varios factores, entre ellos: la capacidad olfativa, la morfología, el nivel de energía, la personalidad y las habilidades sociales (Wasser et al.2004, Maejima et al.2007, MacKay et al. 2008, Clare et al. 2015, Jezierski et al. 2014, Beebe et al. 2016). Cada paso del proceso de selección está directamente relacionado con tener un plan de estudio claramente definido (Smith et al. 2003, MacKay y col. 2008), que debe utilizarse como guía durante todo el proceso.

1. Morfología

En primer lugar, la morfología del perro detector debe ser tomada en relación con las condiciones en las que estará presentes en el área de estudio, incluido el terreno, las condiciones ambientales y la vegetación. ¿El área es llana, montañosa, rocosa, fangosa o arenosa? ¿Hará calor, frío, viento, será gélido, húmedo, seco o lluvioso? ¿La vegetación es baja, alta, espinosa, densa o escasa? En segundo lugar, la morfología del perro debe considerarse en relación con la especie objetivo. ¿Se trata de especies fosoriales, terrestres, acuáticas o aéreas? ¿Se espera encontrar muestras bajo tierra, en árboles, cerca del agua o en áreas abiertas? ¿Encuentra el perro las muestras o la especie objetivo en sí misma? En tercer lugar, la morfología del perro debe sopesarse en relación con la ubicación del estudio. ¿Se lleva a cabo de forma local o internacional? ¿Qué tipos de transporte están involucrados (tierra, aire, barco)? ¿Cualquiera de estos medios de transporte implican restricciones de peso o restricciones de raza? ¿Hay restricciones de raza en el país o región del estudio?

La variación entre estas consideraciones significa que el proceso puede identificar potencialmente a más de un perro de detección. Esto está bien, ya que este primer paso tiene como objetivo determinar los perros ecodetectores potenciales con las características físicas que permitan una cobertura óptima de la investigación y minimizando el daño físico potencial al perro. Las características físicas que necesitan ser evaluadas incluyen el tamaño de las patas, el ancho del pecho, la estructura muscular, el pelaje áspero o liso, corto o largo, patas largas o cortas, estructura de la nariz y altura del vientre. Estas características pueden oscilar entre ventajoso, neutral o negativo según la combinación de condiciones. Por ejemplo, el tamaño o morfología ideal de las patas variará dependiendo de si el terreno es arenoso, fangoso, cubierto de nieve, rocoso o inundado. Del mismo modo, un tipo de pelaje óptimo puede cambiar según el hábitat del área de búsqueda, incluso si la vegetación es escasa, espinosa, leñosa o densa. Mientras se puede añadir equipo suplementario (botas, chalecos), su uso no deberá interferir con la movilidad del perro. La selección de un perro debería evitar las características que afectarían negativamente a la capacidad del perro para completar eficazmente las metas y objetivos del plan de estudio propuesto.

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Evaluar la actitud o impulso del perro hacia el medio ambiente en relación con el comportamiento de las especies objetivo y el hábitat identificado es una forma de control en el proceso selectivo. ¿Evita el perro las zonas húmedas o le abruman las balsas de agua? ¿Romperá el el perro la maleza/espinos o evitará las muestras ubicadas en estas ubicaciones? ¿Es el perro tolerante al calor ya sea por el ejercicio físico o por condiciones ambientales? Esta evaluación es necesaria para identificar qué perros pueden ser físicamente aptos para unas condiciones, pero pensando en voz alta diría que “no lo creo”.

2. Potencial

En segundo lugar, se debe determinar si el potencial perro detector tiene algún comportamiento que afecte negativamente a su capacidad de trabajar con las especies objetivo. ¿Tiene el perro alguna reacción adversa, respuesta de miedo o evitación física al target de olor? ¿El perro muestra comportamientos inherentes a su especie (marcaje con orina, coprofagia, excavación, cobro) que dañan la calidad de la muestra o impiden su recogida? ¿El perro muestra comportamientos predatorios innatos (perseguir, capturar) que ponen en riesgo la supervivencia de la especie objetivo u otras especies en el área? ¿La recompensa no logra superar los comportamientos innatos del perro al carecer de la relavancia suficiente para el perro (p.ej. la pelota no sirve a la hora de desviar la atención hacia los pájaros en la zona, a una raza de trabajo; o una raza de pastoreo del ganado mientras trabaja)? Es decir, es el impulso innato del perro hacia comportamientos naturales más fuerte que su impulso interno por la recompensa? En cada una de estas situaciones, la única opción que debe considerarse aceptable es seleccionar un perro de detección diferente. Estos comportamientos pueden obstaculizar el éxito de un estudio y arriesgar la vida del perro y de la fauna silvestre local. Este tipo de comportamiento también pueden dar lugar a distracciones en el perro y afectar a su eficacia y fiabilidad (Long et al. 2007a, Maejima et al. 2007).

3. El vínculo con el guía

En tercer lugar, seleccionar un perro en base al vínculo emocional con el guía puede ser perjudicial para el éxito del proyecto (MacKay et al.2008, Minhinnick 2016). Si bien se ha sugerido que los perros detectores están motivados por el afecto humano (Orkin et al. 2016), un perro que está demasiado unido al guía puede convertirse en un perro de terapia si el guía no está feliz, enojado o enfermo. Un perro que trabaja para su necesidad personal e incontenible (es decir, impulso interno) por la recompensa en lugar de hacerlo por el guía, es mucho más fiable. La presencia de este fuerte impulso interno es importante también al considerar si el perro cambiará de guía de un proyecto a otro, o de una temporada de trabajo a otra. Seleccionar perros que estén tan motivados, que no les importe el guía que les acompañe, permite la flexibilidad de mover perros de un proyecto a otro. Esto no quiere decir que no sea posible traer una mascota personal y convertirla en un perro de trabajo. Eso dependerá del perro y del guía. El principal asunto que debe abordarse es cambiar el percepción del perro de su relación, que es mucho más fácil de establecer en un entorno de trabajo que cambiar la actitud general del animal.

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Foto: Eccotrenca

4. Recompensa

Finalmente, es importante determinar qué tipo de recompensa para el entrenamiento es la óptima. Tanto los juguetes como la comida sirven; sin embargo, las pruebas iniciales sugieren que el uso del juego después de un entrenamiento exitoso mejora la memoria y afectar positivamente a corto y largo plazo (Affenzeller et al. 2017). Independientemente de la recompensa que se escoja, hay factores especiales que deben considerarse. Los juguetes (pelota, mordedor), en condiciones de campo (calor, cansancio) pueden maximizarse limitando su uso al tiempo de trabajo (Herido y Smith 2009). El control del guía sobre el juguete hace que el perro aprenda que solo es recompensado cuando está junto a la fuente de olor. Es decir, existe una conexión directa entre localizar la fuente del olor y obtener el juguete. Esto permite que el perro trabaje de forma remota y fuera de la vista del guía, ya que el perro sabe que debe mostrarle al guía la fuente del olor antes de recibir su recompensa. Y por eso, incluso aunque si el guía llame al perro y le ‘saque’ del olor, el perro sabe que su recompensa llegará cuando lleve al guía hasta la fuente del olor.

Sería muy descuidado si no mencionáramos el método Bringsel, un método orientado al juego que se ha considerado e utilizado por algunos guías en el trabajo del olfato (L. Wilson inédito). Si bien esta técnica se ha utilizado eficazmente en perros de búsqueda y rescate (un solo hallazgo por búsqueda), es probable que fracase con la mayoría de los perros de conservación (múltiples hallazgos por búsqueda). En el método Bringsel el perro localiza el olor objetivo, coge con la boca un objeto señal (normalmente es un objeto con forma de palo) que lleva colgado de su collar, o alrededor de su cuello, y regresa al guía con el palo como señal visible de que ha hecho la localización. El guía envía de nuevo al perro a volver a encontrar el olor objetivo y será allí donde le premie. Si bien puede haber excepciones, en perros que tienen un fuerte impulso interno por la recompensa, puede ser casi imposible entrenarle bien en la búsqueda, porque el perro se centrará en intentar jugar con el dispositivo de señal colgando del cuello. En otros casos puede ser difícil o imposible para el guía localizar el target de la muestra una vez el perro se centra en el dispositivo de señal en lugar de volver a encontrar el objetivo. En base a esto último, el perro puede no volver a encontrar el olor que había encontrado porque en su mente ya se le ha recompensado por ello. Más allá de estos problemas, se debe tener mucho cuidado si se utiliza el método Bringsel en perros detectores de conservación por dos razones. Primero, por la seguridad del perro, ya que cualquier objeto colgando del cuello o alrededor del mismo tiene muchas posibilidades de engancharse a algo del entorno poniéndole en peligro. Y segundo, que mientras el perro busca, especialmente cerca de la fuente de olor, hay una alta probabilidad de que cualquier cosa que cuelgue del cuello o alrededor del mismo contamine la muestra cuando el perro llegue a la fuente.

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Una recompensa de comida puede implicar el uso de la comida normal del perro o puede ser una golosina especial que solo se usa cuando el perro está trabajando. En ambos casos, un factor que debe considerarse y evaluarse es la reacción del perro a la comida cuando se le premia en condiciones del estudio de campo real frente a un escenario de entrenamiento. En relación a esto, el tiempo de trabajo suele ser más corto y es posible llevarlo a cabo en unas condiciones ambientales óptimas. Sin embargo, hay que entender bien cómo trabaja el perro en condiciones ambientales durante un período prolongado en condiciones de campo para decidir si la comida sigue siendo una recompensa para perro. Es decir, cuando el perro tiene calor y está cansado, ¿seguirá respondiendo bien a la comida? ¿Sigue dispuesto a trabajar si no tiene hambre? ¿El perro se vuelve lento o con menos disposición al trabajo cuanto más come? Si el perro todavía quiere comer independientemente del número de hallazgos, se debe considerar si existe riesgo de inflamación o torsión gástrica. Los perros dispuestos a trabajar a cambio de comida tienen una mayor probabilidad de sufrir estos problemas médicos que ponen en riesgo su vida, especialmente en ambientes calurosos, debido a la ingesta de agua, más la comida y el ejercicio continuo (Bell 2014, Gazzola y Nelson 2014). Además, hay que considerar el hecho de que no todos los premios pueden aguantar las largas horas y condiciones ambientales de una investigación de campo. Si bien una croqueta seca o una golosina es fácil de llevar, los alimentos sensibles a la temperatura (carne, queso) puede ser difícil de conservar. Además, dependiendo de la ubicación y el lugar, algunos alimentos pueden ser difíciles obtener o conservar durante el estudio de campo. Si hay algún problema con la provisión de alimentos como recompensa al perro, debe considerarse seleccionar un perro que se motive con el juego antes que uno orientado a la comida. Con el primero, incluso después de mucho tiempo, la mayoría de los perros siguen motivados por la recompensa, incluso con juego de baja intensidad (frente a de alta intensidad). Es importante señalar que bajo ninguna circunstancia se debe cambiar a premio con comida a un perro cuyo impulso por el juguete disminuye durante el entrenamiento, ya que esto es poco probable que funcione a largo plazo y se acabará sesgando o incluso proporcionando datos falsos (B. Davenport no publicado).

Una recompensa alternativa que debe mencionarse es felicitar al perro (voz, caricias…). Los perros que trabajan por este tipo de recompensa pueden ser muy inconsistentes (B. Davenport, no publicado), ya que no hay ningún pago asociado al esfuerzo, y sólo llega cuando encuentra la muestra. Después de todo, felicitamos a nuestros perros a lo largo del día por un montón de cosas que requieren un esfuerzo mínimo por parte del perro y que son completamente ajenas a la búsqueda de una muestra, que requiere un esfuerzo sustancial a largo plazo. Además, cuando la felicitación se usa como la única recompensa, el vínculo con el guía tiende a ser más estrecho, lo que puede hacer que el perro decida trabajar ese día o no (B. Davenport, inédito). Los perros que trabajan únicamente para elogios tienen más probabilidades de verse afectados por un guía que no esté en su mejor día (si está triste, enfadado, enfermo).

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Foto: Sniper Dogs

Muestras para los entrenamientos

La selección de las muestras para los entrenamientos es fundamental para optimizar el éxito de las investigaciones con los perros detectores. Sobre todo si el objetivo es localizar evidencia animal (excrementos, plumas) o al propio animal físico. En todo caso, las muestras no deben limitarse a las especies objetivo, también deben cubrir las que no son objetivo (DeMatteo et al. 2014a, Johnen et al. 2017). Una especie no objetivo se puede definir como una especie que no se pretende estudiar. Sin embargo, su presencia física en la zona y similitud con la especie objetivo (superposición taxonómica, dieta compartida) sugiere una similitud potencial en su perfil de olor. Presentar a los perros ecodetectores los olores de estas especies no objetivo durante los entrenamientos es esencial para “afinar” su perfil olfativo a la especie objetivo. Este proceso permite al perro catalogar similitudes entre las muestras objetivo y no objetivo, así como sus características únicas. Estas similitudes van desde rasgos básicos de las muestras (p.ej. todas están almacenadas en bolsas de plástico) a características más complejas (p.ej.solapamiento de la dieta).

Si el objetivo es localizar excrementos, es importante maximizar la variedad potencial (dieta, individuos, sexo, edad) para especies objetivo y no objetivo (Williams y Johnston 2002, Smith et al. 2003, Wasser y col. 2004, DeMatteo et al 2009, Vynne et al. 2011, DeMatteo et al. 2014b, Browne y col. 2015, Hurt et al. 2016, Oldenburg et al. 2016), ya que cada uno de estos factores puede cambiar el perfil de olor de los excrementos (Martin et al. 2010, Hayes et al. 2018). Si las muestras que se usan en los entrenamientos provienen de animales en cautividad, es importante encontrar la forma (separación física de los individuos, uso de marcadores dietéticos) para identificar la fuente (individuo, sexo) de las muestras y confirmar si se obtiene realmente la variedad muestral esperada. Si estas muestras provienen de animales salvajes, es importante que la identidad de la especie se confirme genéticamente más que de forma visual (Hurt et al. 2016, DeMatteo et al. 2018). Si las muestras provienen de animales en cautividad o de zonas fuera del área de estudio, es importante reforzar y probar al perro con excrementos de animales salvajes de la región para prepararle ante la variedad de cambios en la dieta que puede tener una especie (a base de salmón, a base de bayas, a base de carroña, como los osos) (Smith et al. 2003, Hurt y Smith 2009, Hurt et al. 2016). Sobre todo con perros sin experiencia que han completado su entrenamiento, pero carecen de experiencia de campo, ya que tienden a ser muy específicos y no generalizar los olores. Si las muestras objetivo y no objetivo son de animales cautivos alimentados con ‘comida de zoo’ o pienso, puede haber una similitud entre especies, dando como resultado que el perro pierda el rastro de las muestras cuando no reconoce esa alimentación de zoo. Sin embargo, reforzar al perro (especialmente los novatos) con los excrementos salvajes antes del trabajo real puede ayudar a pasar por alto un elemento ausente (p.ej. la falta de comida de zoo) o dar con una similitud entre los excremento objetivo y no objetivo (p.ej. ambos con la ‘comida de zoo’).

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La existencia de una variedad parecida es importante si el foco lo ponemos en especies objetivo reales. Esto se traduce en exponer al perro a olores tanto objetivo como no objetivo (Williams y Johnston 2002, Browne et al. 2015), para que el perfil olfativo del perro se enfoque en el olor frente a un olor generalizado (DeMatteo et al. 2014b). Si las muestras de los entrenamientos son porciones de animales muertos o enteros, es importante reforzar y probar al perro con animales vivos cautivos o salvajes. Si no se hace, puede frustrar los resultados (Glen et al.2018), lo que dificulta estimar con precisión las tasas de detección y los potenciales problemas en el campo. El mismo refuerzo con animales vivos sirve incluso si las muestras de entrenamiento son muestras de olor o aroma residual de animales vivos (Cablk y Heaton 2006, Nielson et al. 2016). En estos casos, si el objetivo es evitar que el perro alerte en excrementos u orina, se debe tener cuidado con el momento incluso en que se obtienen las muestras de olor (Cablk y Heaton 2006, Nielson et al. 2016). Si las muestras son animales vivos, se debe tener cuidado y evitar el contacto directo entre el perro y la especie objetivo. En especies invasoras es esencial su contención en contenedores a prueba de fugas (Engeman et al. 2002, Vice et al. 2009) o marcarlas con transmisores de radio (Gsell et al. 2010).

Almacenamiento de muestras

El almacenamiento de muestras a corto y largo plazo es importante para mantener la integridad del perfil olfativo original. Independientemente del tipo de almacenamiento (secado al aire, congelado, temperatura ambiente), las muestras objetivo y no objetivo deben almacenarse por separado para que los olores no se mezclen. Si esto ocurre, las cualidades únicas de la especie específica se perderán y su uso provocará confusión en los perros ecodetectores. A menudo, las muestras se pueden secar para evitar el crecimiento de moho en condiciones húmedas y proporcionar muestras para utilizar en las condiciones de campo durante la investigación. Sin embargo, es importante que durante este proceso las muestras objetivo y las no objetivo se mantengan separadas. Una técnica óptima es el secado natural al sol en lugar de en un horno de, ya que puede contaminarse con el interior del horno, impidiendo su uso tanto para especies objetivo como no objetivo. El almacenamiento de muestras puede ser más complejo dependiendo de la necesidad de usar animales enteros o partes de estos. En ambos casos es importante que no se utilicen conservantes, ya que puede cambiar el perfil olfativo y provocar así a la incapacidad del perro para localizar muestras in situ.

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Foto: Odor Naturae

El almacenamiento de muestras también debe abordar la necesidad de utilizar un sistema de contención de las muestras, lo que minimiza la pérdida de material para el entrenamiento y la contaminación del medio ambiente donde se lleva a cabo el entrenamiento, ya que ese lugar puede necesitarse una y otra vez (Jezierski et al. 2014). La contaminación del lugar de entrenamiento creará una situación en la que la confianza del guía se debilita debido a que el perro señaliza en una ubicación trabajada anteriormente (cuando se dejan partes de una muestra) pero el guía no puede ver ni encontrar esa muestra. Un sistema de contención permite la recuperación completa de la muestra y evita la contaminación cruzada al recoger al final del entrenamiento. Cuando se trabaja con varias especies, especialmente cuando las muestras (objetivo y/o no objetivo) son similares en apariencia, la contención permite una correcta identificación de muestras en todas las fases (entrenamiento, almacenamiento a largo plazo). Con excrementos, se puede utilizar bolsas de malla finas o de organza (13×17 cm), que son asequibles y eficientes. Se clasifican por colores según la especie (jaguar = marrón, puma = verde). Las muestras de entrenamiento deben colocarse en el contenedor seleccionado bastante tiempo antes del entrenamiento, para que el contenedor esté completamente contaminado por el olor de las muestras cuando comience el entrenamiento. Además, tanto las muestras objetivo como las no objetivo deben utilizar el mismo sistema de conservación, para que este olor adicional no sea exclusivo de ninguna de las dos.

Además, los sistemas de contención no contaminados deben colocarse en el entorno de entrenamiento para probar si el perro alerta al detectar el propio sistema de “contención”. No exponer al perro al sistema de contención durante el entrenamiento o cambiar el sistema de contención utilizado puede provocar falsas alertas (O’Connor et al. 2012) e imposibilita la entrada precisa en la tasas de detección.

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Selección del guía

Mientras que la idea de ir a trabajar todos los días con el perro puede parecer idílico, los rigores del entrenamiento o las pruebas (Browne et al.2015) y las largas jornadas en terrenos accidentados bajo condiciones difíciles (Arandjelovic et al. 2015) pueden desbaratar esa idealización. Los estudios de vida silvestre no suelen durar sólo unos días, sino que hablamos de semanas, meses o incluso más. Esto requiere que el guía tenga un físico y resistencia mental para soportar todo el tiempo en el campo, así como el estar lejos de la familia y amigos. Un guía sin mucha información y que no esté físicamente preparado para los rigores del área de estudio puede ser un factor limitante en la localización de las muestras (Arandjelovic et al. 2015). También requiere cambiar de chip y dejar de ver el estudio de vida silvestre como una caminata con tu perro. Las personas que están acostumbradas a hacer largas caminatas con sus perros, por lo general tienen una memoria muscular/mental ya preestablecida que ignora cuando el perro está en modo trabajo. El guía debe estar atento al comportamiento, las acciones de su perro y los acontecimientos con el fin de analizar las situaciones, generar soluciones potenciales y garantizar la seguridad del equipo (Hurt y Smith 2009, Hurt et al. 2016, Minhinnick 2016).

Esto significa que el guía debe dejar de mirar los pájaros, huellas de animales o el increíble paisaje y también observar los patrones de comportamiento y movimiento del perro. Esto puede ser difícil para personas que son expertas en el olor objetivo o esas personas que son adiestradores de perros con experiencia en otras disciplinas (caza, patrulla). Personas que no son expertas en una especie o técnica, con frecuencia tienen menos sesgo hacia lo que ellos conocen y con frecuencia están más dispuestos a creer en el perro en lugar de confiar en su conocimiento y experiencia previas (Davenport, no publicado). En estos casos, las extensas y variadas pruebas de campo pueden proporcionar valiosas oportunidades para los guías con el fin de ganar experiencia y maximizar la probabilidad de detección (Cablk y Heaton 2006, Long et al. 2007a). El guía debe centrarse en el entorno (sol, sombra, viento) y las variaciones física (cambios de terreno, vegetación) que podrían afectar a la capacidad del perro para detectar olores, además de proporcionar orientación para ayudar a minimizar estos efectos (Wasser et al.2004, Hepper y Wells 2005, Long et al. 2007a, Reed y col. 2011). El guía debe saber ayudar al perro que está trabajando, en cualquier cambio de comportamiento que indique dificultades para resolver la búsqueda. El trabajo del guía es ayudar a que la nariz del perro se mantenga cerca del olor. Un guía distraído puede significar que las sutiles señales del perro se pasen por alto, dando como resultado muestras perdidas. No hay bibliografía que cuantifique el número de muestras perdidas debido a un guía distraído. Sin embargo, el uso de grabaciones de video (Lasseter et al. 2003) u observadores ocultos (Engeman et al. 2002) puede ayudar a identificar este problema. Mientras que Engeman et al. (2002) usaron observadores ocultos para cuantificar el número de muestras objetivo perdidas debido a un patrón de búsqueda inadecuado dirigido por el guía, no quedaba claro si había sido por un error del guía o por otra razón. Mientras que es casi imposible garantizar que todas las muestras se encuentren en el área de estudio, la atención o falta de atención del guía a las señales de su perro afecta directamente al número de muestras localizadas. La necesidad de concentración del guía en el estudio de campo se refleja en la necesidad del perro de pasar del modo de juego al de trabajo. Con un perro familiar acostumbrado a retozar en el mismo hábitat explorando sus propios intereses, puede ser virtualmente imposible crear ese cambio y que se mantenga la actitud del perro cuando trabaja en las mismas condiciones, antes y después del entrenamiento.

perros ecodetectores
Foto: Ibys Medioambiente

Equilibrio perro-guía

Durante el proceso selectivo debe buscarse un equilibrio entre las personalidades del perro y del guía (Smith et al.2003, MacKay et al.2008, Hayes et al.2018). Uno puede pensar que un perro bien entrenado puede trabajar con cualquier persona. Sin embargo, puede que no siempre sea así. Si el perro ha sufrido algún tipo de violencia de sus propietarios anteriores, el hecho de que el guía alce la voz o haga muchos movimientos, puede afectar negativamente a las ganas de trabajar del perro. O por el contrario, la pareja de un perro cabezota y un guía tímido puede generar situaciones de campo fuera de control. Determinar si existe un equilibrio entre el perro y el guía implica realizar pruebas en situaciones controladas y de campo para ver cómo responden ambos el uno al otro.

Aunque que un perro con motivación interna se esforzará por buscar independientemente del guía, esto no quiere decir que pueda sustituirse los guías por capricho, ya que la capacidad del mismo para “leer” al perro es fundamental (Johnen et al. 2017). Sin embargo, tener un perro que busque independientemente del guía proporciona un aumento significativo de su fiabilidad (Hurt y Smith 2009). Es importante tener en cuenta que la sustitución de un guía requiere tiempo y probablemente sea suficiente con una sola práctica de 30 minutos dirigida por el guía principal (Jamieson et al.2018). Este hecho es independiente de la experiencia anterior de la persona como guía o si el perro ha trabajado con múltiples guías anteriormente. En cambio, un nuevo binomio debe dedicar tiempo a trabajar en condiciones ambientales variables (p. ej. calor, frío) y condiciones físicas (cansados, aburridos, emocionados), para que el guía pueda aprender cómo las señales de perro (normal y las sutiles) y los cambios en el patrón de movimiento (Greatbatch et al. 2015, Hayes et al. 2018). Además, el guía sustituto debe aprender a través de la repetición cómo el tono de la voz y el movimiento corporal afectan al comportamiento del perro. Cada perro tiene su propio historial de entrenamiento, en lo que puede influir la fuerza de la comunicación del humanos o la mirada entre el target y el guía, cuando indica un hallazgo (Marshall-Pescini y col. 2009). Los perros entrenados inicialmente para agility o rescate pueden tener niveles conductuales más altos con respecto a la mirada del guía, en comparación con una mascota sin entrenar. Saber leer al perro es fundamental para evitar pasar por alto las alertas naturales (Lasseter et al. 2003).

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Entrenamiento, pruebas y adaptación

Si bien el vínculo entre un perro y su guía es esencial para muchos aspectos del trabajo, también lo es asegurar el entrenamiento adecuado de cada uno para optimizar los resultados (Smith et al. 2003, Goldblatt y col. 2009, Long et al. 2012, Minhinnick 2016, Hayes y col. 2018). De hecho, algunos dicen que es más fácil entrenar el perro que al propio guía, ya que este necesita dejar atrás sus reacciones innatas a diversas circunstancias. Mientras que un perro experimentado puede ayudar a un guía inexperto, un guía mal entrenado puede arruinar a un perro experimentado. Querer avanzar rápido con un perro que está explorando un nuevo olor puede empujarle a marcar falsos positivos e incluir especies no objetivo en su repertorio (Sargisson y McLean 2010, Greatbatch y col. 2015). Esto mismo puede ocurrir si el guía no premia al perro de forma consistente (Long et al. 2007a, MacKay y col. 2008, Goldblatt et al. 2009).

No hay una manera única de entrenar ni un único protocolo apropiado para todas las investigaciones con perros ecodetectores. Al presentar el olor a perros detectores de conservación, que a menudo son capaces de localizar más de un olor, es común tener un solo comando y alerta asociados a un grupo de aromas (Lit 2009). Se trata de una alerta pasiva y entrenada (p.ej. un sentado). O un cambio en el comportamiento (p.ej. un cambio en el patrón de búsqueda) que no implica ladrar, rascar o golpear con la pata (Smith et al.2003, MacKay y col. 2008, DeMatteo et al. 2009, Cablk y Harmon 2011, Hurt et al. 2016, McLean y Sargisson 2017). Aunque la respuesta sin contacto es esencial para garantizar que el olor objetivo no se contamine (p. ej., perfiles de ADN de la muestra objetivo) o dañado (p.ej. targets vivos), la respuesta no vocal además minimiza la perturbación de la vida silvestre local.

Lo esencial es que el tipo de entrenamiento y los ensayos para guía y perro reflejen las condiciones potenciales del campo. (Johnen et al. 2017). Los ejercicios controlados pueden ayudar a identificar posibles problemas en el equipo canino y reforzar los comportamientos de ambos, guía y perro. Pero no está demostrado que las altas tasas de detección observadas en estos ensayos se transfieran a las condiciones de campo. Las pruebas controladas que se centran en probar la precisión del equipo afectan negativamente a esa precisión debido a la ansiedad del guía (Jezierski et al. 2014). Los ejercicios controlados pueden ayudar a evaluar la distancia de detección y los efectos del entorno en el perro. Sin embargo, la exactitud de dichas estimaciones pueden cambiar al hacerlo el terreno y la vegetación (Reed et al. 2011). Los resultados puede que nunca alcancen el 100% debido a circunstancias ajenas a las del equipo control, incluyendo la dirección del viento, las características del terreno y cómo reaccionan juntos para dar con el olor (Wasser et al.2004, Hepper y Wells 2005, Reed et al. 2011). Sin embargo es posible hacer pruebas que permitan madurar la relación perro-guía incrementando la confianza mutua. En los ejercicios se debe cambiar el número de muestras utilizadas y su ubicación, lo que incluye senderos sin muestras objetivo, para permitir así al guía comprender los cambios en la motivación del perro y evitar situaciones donde la frustración del perro o guía fuerce cambiar a olores no objetivo.

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Es igualmente importante incluir ejercicios donde la ubicación de la muestra sea conocida y desconocida (Engeman et al.2002, Smith y col. 2003, Goldblatt et al. 2009, Johnen et al. 2013, 2017). Las ubicaciones conocidas permiten al guía identificar cambios físicos involuntarios (p. ej., movimiento de las orejas, de la cola, agitación general, cambio en la concentración del olfateo) que ocurren cuando un perro detector encuentra un olor en el que ha sido entrenado y anticipar que viene un premio (Concha et al. 2014). Las ubicaciones desconocidas son importantes para garantizar que el guía no afecta inconscientemente en la respuesta específica entrenada del perro con señales no verbales o físicas (Marshall-Pescini et al.2009, Lit et al.2011, Cooper y col. 2014).

También es importante usar en los ejercicios muestras de especies objetivo y no objetivo (Smith et al. 2003, DeMatteo et al. 2014b). Todas las especies deben estar claramente marcadas (p.ej. diferentes color de las bolsas), de modo que el guía pueda garantizar que no se premia por error. Además, saber qué especies objetivo localiza el perro puede ayudar al guía a aprender qué señales innatas da el perro cuando detecta el perfil olfativo de una especie en particular. Debe variar la forma de configura los ensayos, teniendo en cuenta: el intervalo físico entre las muestras, el orden de las especies y la ubicación de las muestras. Si es probable encontrar más de una muestra en una zona, es esencial imitar esto en los ejercicios para ayudar al perro y al guía a acostumbrarse a un patrón de búsqueda localización y recompensa en una sola área. Si la ubicación de la muestra es claramente visible, está oculta, en una ubicación única o una combinación de esto, los entrenamiento deben presentar los escenarios apropiados. O tal vez la especie objetivo sea rara y es probable que el perro pase por muchas muestras no objetivo antes de encontrar el target. En este caso, el guía debe aprender a leer cuándo el perro está perdiendo la motivación o se está frustrando. Por eso, cuando se trabaja con una sola especie rara, puede ser beneficioso entrenar al perro en al menos una especie extra que sea más común pero con una forma distinta de excremento. Así el perro tiene la oportunidad de ser premiado con más frecuencia aunque no se recojan las muestras no deseadas. Entrenar a un perro en más de un olor no afecta negativamente en su rendimiento. Y el tiempo dedicado a entrenar olores extra disminuye mostrando una gran facilidad por parte del perro (Williams y Johnston 2002).

Y por último, al prepararse para un proyecto, el equipo destinado al trabajo de campo debe entrenar todos los escenarios para permitir que tanto el perro como el guía se acostumbren tanto al equipamiento real como a la rutina en sí. ¿Se llevará a cabo la búsqueda con o sin correa, o solo de vez en cuando? ¿Se requieren botas, arnés, protector de pecho u otro equipo para el perro? ¿Llevará el perro un GPS o un collar? ¿Cómo llevará los premios el guía? Además, si el proyecto abarca un hábitat al que el perro no está acostumbrado, debe construirse un periodo de adaptación de entrenamiento en una localización real del proyecto. Esto ayudará al perro a aclimatarse a la temperatura y los cambios de clima y permitirle catalogar nuevos olores y animales salvajes desconocidos hasta el momento.

Resumen

El uso de perros detectores proporciona un nuevo enfoque para recopilar datos sobre una o más especies independientes de muchos factores, incluyendo el comportamiento de la especie, su rareza, hábitat y condiciones ambientales. La expansión de esta técnica no invasiva en todo el mundo refuerza la necesidad de todos los involucrados de recordar que una tasa de detección precisa está directamente relacionada con una sólida formación del guía y el perro. El estudio no debe diseñarse para adaptarse a un perro detector en particular ni se debe seleccionar un perro en función de su vínculo con el guía. En su lugar, se debe utilizar la planificación del estudio para determinar si el uso de un perro detector es apropiado y luego como una guía en la selección del perro, la variedad de las muestras para el entrenamiento y el guía. Además, debe utilizarse para garantizar que los ejercicios de ensayo, tanto del perro como del guía, imitan las condiciones de campo y le da tiempo al guía y al perro para aprender a leerse entre sí. Esta guía de elementos fundamentales de perros ecodetectores, combinada con un entrenamiento profesional puede ayudar a asegurar que el uso de esta increíble técnica de conservación mantenga el nivel de precisión en función a los orígenes de la técnica (militar, policial).

Autoras: Karen E. DeMatteo, Barbara Davenport y Louise E. Wilson
Fuente: Wildlife Biology, 2019(1) Published By: Nordic Board for Wildlife Research
Estudio original y Bibliografía
Traducción: María Fonseca | PerrosdeBusqueda©

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