La nueva técnica del emperador

Confiar ciegamente en un instructor canino puede ser peligroso. Conviene asegurarse de que el ’emperador vaya vestido’

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Por Sarah Stremming

Cuando comencé a aprender sobre adiestramiento canino estaba a merced de mis maestros, algo normal cuando empezamos a aprender algo nuevo. Tenía un perro con graves problemas de comportamiento. Estaba bastante desesperada y me rendí a los pies de los instructores. Como resultado, hice muchas cosas de las que no me siento orgullosa. Cosas que no van de acuerdo conmigo, cosas que hice a base de enterrar mi propia intuición.

Y ahí está el problema. Y es de lo que necesitamos hablar hoy.

Todo funciona

En mi propia labor de convertirme en la adistradora que soy ahora, a menudo hacía caso a recomendaciones que parecían no ser correctas. Muchas veces elegía un adiestrador y le seguía sin apenas cuestionar. Al principio fue enseñar un apport forzado y cómo ajustar y utilizar un collar de púas. Más tarde empezamos a utilizar NILIF en casos de problemas de conducta. Lo siguiente fue tomarse a broma la vocalización provocada por frustración en el moldeado y aceptar intervalos de un minuto sin refuerzo para que los perros aprendieran a controlar su impulso. Entonces no tenía las herramientas para encontrar respuestas por mí misma y, por tanto, estaba de nuevo a merced de quienes daban la formación.

Lo interesante del adiestramiento canino es que prácticamente todo funciona. Pero cuando empezamos a ver realmente a los perros, cuando tomamos conciencia de ellos como seres emocionales y no sólo objetos cuyo comportamiento nos gustaría doblegar a nuestra voluntad, algunas técnicas deben ser eliminadas. Para mí, aquello no terminaba dejando de utilizar las herramientas aversivas y técnicas forzadas. Había que eliminar también procedimientos que (basándome en mis observaciones) inducían a estrés o frustración en el alumno. Lo que significaba que un montón de gente dentro del entrenamiento canino “positivo” estaba haciendo cosas que tendría que reconsiderar.

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¿Va vestido el emperador?

Aquí lo fundamental es doble: debemos saber qué emociones aceptamos en nuestros perros cuando trabajamos con ellos y debemos tener esto en cuenta cada vez que recibimos un consejo, sin importar de dónde venga. Demasiados adiestradores tienen gurús en este trabajo. Personas a las que proclaman como omniscientes y poderosas. Gente cuyo entrenamiento no cuestionan. Esto es siempre peligroso. Cuando se va a a trabajar con un adiestrador ya sea online, en un seminario o de otra forma,  hay que asegurarse de que el emperador está realmente vestido.

No es raro que muchos adiestradores sigan las recomendaciones que les hace su líder, aunque su intuición les grita lo contrario en su interior. Lo que resulta es parecido al cuento popular al que hago referencia. Un pueblo -donde todos saben la verdad- congregado alrededor de su emperador desnudo y nadie se atreve a decirlo.

Hay que decir lo que se piensa. Una y otra vez. Y cuando se obtenga una respuesta, también hay que examinarla. Hay que asumir la responsabilidad de la propia educación y saber que si hay algo de un entrenador al que se admira que nos parece extraño, podría simplemente estar revelando cual es su verdadera personalidad.

Artículo original: https://thecognitivecanine.com/2017/01/18/the-emperors-new-technique/
Traducción: ihc

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