Cuando el sistema falla a los que no pueden hablar: Denuncias sobre los perros de la Guardia Civil en Barajas
En los últimos días han salido a la luz denuncias públicas sobre las condiciones en las que viven algunos perros de trabajo destinados en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, pertenecientes a unidades caninas de la Guardia Civil

Recientemente, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha denunciado públicamente las condiciones en las que viven los perros de trabajo destinados en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, responsables de tareas de detección y seguridad. Según estas denuncias, muchos de estos perros se encuentran en jaulas de tamaño reducido, con humedad constante y problemas de drenaje, en instalaciones antiguas con mantenimiento insuficiente. Las condiciones descritas generan estrés, posibles problemas de salud y afectan directamente su bienestar y rendimiento operativo.
En las perreras del aeropuerto viven 15 perros que, al terminar sus jornadas, deben regresar a unas instalaciones que, según Valentín Blanco, portavoz de la sección cinológica de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), “están quedándose anticuadas, sin mantenimiento y completamente deterioradas por el uso”.
Blanco explica que “las perreras son demasiado pequeñas, los retenedores están rotos, las vallas no cumplen con la normativa porque deberían ser no cortantes, y faltarían tabiques para que los perros no se vean entre ellos, porque terminan peleándose”. Aunque los animales estén adiestrados, pasar tantas horas juntos en estas condiciones puede derivar en conflictos.I
“No importa que sean instalaciones modestas: el problema es que la humedad, el espacio reducido y el desgaste afectan tanto al rendimiento como a la salud de los perros. No es lo mismo un perro alegre que uno estresado”, denuncia Blanco. Y añade con contundencia: “Si el Seprona inspeccionara unas perreras como las de Barajas en una vivienda particular, no solo te sancionaría, te impondría una multa enorme, porque no cumplen ninguna normativa”.
Por qué esto es especialmente grave en perros de trabajo
Los perros operativos no son “mascotas alojadas en perreras”: son herramientas biológicas de alta especialización. Su rendimiento depende directamente de la estabilidad emocional, de la calidad del descanso, de su entorno físico, de las condiciones higiénico-sanitarias, la ausencia de un estrés ambiental crónico y por supuesto, la atención y estimulación adecuada fuera del trabajo
Un perro que vive en condiciones inadecuadas no solo ve comprometido su bienestar, sino también su capacidad operativa, su concentración, su motivación y su salud a medio y largo plazo.
Desde el punto de vista técnico y etológico, esto no es una cuestión estética ni “sensiblera”: es una cuestión de funcionalidad, rendimiento y salud laboral del propio binomio guía-perro.
Es importante subrayar algo fundamental: no se está hablando de maltrato directo por parte de los guías ni de negligencia en el manejo diario del perro, sino de deficiencias estructurales y de gestión institucional.
No es un problema aislado ni anecdótico
Este tipo de situaciones no son nuevas ni exclusivas de una unidad concreta. En distintos contextos (cuerpos policiales, rescate, protección civil, detección, seguridad privada) hemos visto repetido el mismo patrón: Grandes exigencias operativas + inversión mínima en bienestar estructural del perro.
Se exige rendimiento, fiabilidad y disponibilidad absoluta… pero se descuida el entorno básico donde el perro vive cuando no trabaja. Eso no es sostenible ni ética ni técnicamente.
En PerrosdeBúsqueda ya se ha abordado en otras ocasiones el debate sobre las condiciones de vida, el bienestar y la gestión institucional de perros de trabajo en distintos contextos operativos. En artículos anteriores ya hemos tratado la problemática de las instalaciones inadecuadas para perros operativos en cuerpos oficiales y del impacto real del entorno físico en la operatividad, conducta y salud del perro.
Este enfoque editorial se ha mantenido siempre con una línea clara: es necesario exigir rigor técnico, separación entre emoción y análisis, y defensa del bienestar real del perro de trabajo, no del discurso fácil.
Por eso, este artículo no surge como reacción puntual a una noticia, sino como continuidad lógica de una línea de trabajo que lleva tiempo construyéndose: analizar de forma crítica, documentada y profesional el uso institucional del perro y las condiciones reales en las que desarrolla su vida y su trabajo.
Y vaya por delante que estas situaciones penosas vienen de años atrás, que no es una cuestión política concreta de ahora. Son culpables los responsables que hay ahora y también los que estuvieron antes. Todos han sido y son cómplices de esta miseria.
Lo más preocupante: la normalización
Lo verdaderamente grave no es solo la existencia de estas condiciones, sino la normalización de que los perros de trabajo “aguantan todo”. Aún hay quien asegura que por ser perros de trabajo aguantan frío, humedad, estrés, instalaciones deficientes. Aguantan condiciones que nunca aceptaríamos para otros profesionales humanos del sistema. Porque son perros de trabajo.
Y eso revela un problema cultural profundo: el perro sigue siendo visto como recurso, no como ser vivo operativo con necesidades reales.
Una cuestión de responsabilidad institucional
Si las denuncias son ciertas —y provienen de asociaciones internas del propio cuerpo—, la responsabilidad no recae en los guías, sino en los niveles de gestión, planificación y dotación de recursos.
Hablamos de:
Inversión en instalaciones adecuadas
Diseño de espacios específicos para unidades caninas
Cumplimiento real de normativas de bienestar animal
Supervisión veterinaria continuada
Protocolos de mantenimiento estructural
Modelos modernos de alojamiento operativo atendiendo a las necesidades de los perros
No es un problema de amor por los perros. Es un problema de profesionalidad institucional.
Los perros de trabajo no son material fungible. No son herramientas reemplazables. No son recursos de usar y tirar. Son seres vivos que sostienen operativas críticas de seguridad, detección, rescate y protección. Y su bienestar no es un lujo: es una condición técnica imprescindible para que su trabajo sea fiable, ético y sostenible.
Si exigimos excelencia operativa, debemos exigir también excelencia en las condiciones de vida de esos perros. Porque cuidar al perro no es sentimentalismo. Es responsabilidad, es profesionalidad y es COHERENCIA.
* Las imágenes publicadas han sido recogidas de distintos medios. Estamos a la espera de respuesta de la AUGC para confirmar que pertenecen a los cheniles de la unidad canina de Guardia Civil en Barajas.


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