Cómo aprenden los perros de búsqueda a encontrar personas: por qué no buscan juguetes
Existe una confusión muy extendida en torno al trabajo de los perros de búsqueda: la idea de que el perro “busca el juguete”. O que no se debe entrenar con mordedores y pelotas. Esta visión no solo es incorrecta, sino que distorsiona por completo cómo funciona realmente el aprendizaje en estos perros. Un perro de búsqueda no busca una pelota, ni un mordedor, ni un juguete. El reforzador no es el objetivo de la búsqueda: es la consecuencia del hallazgo.

Por qué no buscan juguetes, ni pelotas, ni mordedores
En el trabajo de búsqueda de personas, el aprendizaje se construye mediante condicionamiento operante. El perro aprende que una conducta concreta —buscar y localizar a una persona— tiene una consecuencia positiva. Esa consecuencia es el refuerzo, pero no es el estímulo objetivo, sino el resultado de haber ejecutado correctamente la conducta. El perro no trabaja por el objeto, trabaja porque ha aprendido que encontrar a una persona activa el refuerzo.
Qué es realmente un reforzador
Un reforzador no es un objeto en sí mismo. Un reforzador es cualquier consecuencia que aumenta la probabilidad de que una conducta se repita.
La condición de “reforzador” no la define el objeto en sí, sino su efecto funcional sobre la conducta.
Una pelota no es un reforzador por ser una pelota. Un mordedor no es un reforzador por ser un mordedor. La comida no es un reforzador por ser comida. Solo actúan como reforzadores cuando, después de una conducta correcta, incrementan la probabilidad de que esa conducta vuelva a producirse. En búsqueda de personas, el objeto no tiene valor propio: su valor es instrumental dentro de una cadena de aprendizaje.
La asociación correcta: persona → refuerzo
Desde el inicio de la formación, el perro aprende una estructura clara: la conducta de búsqueda conduce a la localización de una persona, la localización genera una interacción y esa interacción activa el refuerzo. El estímulo relevante no es el juguete, ni el mordedor, ni la comida. El estímulo relevante es la presencia humana oculta. El figurante es el elemento central del aprendizaje. No es un elemento pasivo, sino parte activa del sistema. Es quien confirma el éxito de la conducta, quien interactúa con el perro y quien activa el refuerzo. El perro aprende que la cadena solo se completa cuando encuentra a un ser humano.
Por eso, aunque se utilizara siempre el mismo reforzador – que tampoco es el caso – el perro no discrimina el objeto como objetivo, sino a la persona como disparador del refuerzo. Si el perro realmente buscara el juguete, bastaría con tirarlo al entorno. Pero lo que aprende es que el valor funcional está en localizar a una persona, no en encontrar un objeto.

Riesgos de una asociación incorrecta
Cuando el entrenamiento no se hace correctamente, puede producirse una asociación errónea. El perro puede empezar a asociar el olor del juguete a la presencia humana. En ese caso, el estímulo olfativo relevante deja de ser exclusivamente el olor humano y pasa a ser una combinación persona-objeto. La consecuencia es que, en escenarios reales donde no hay juguete, el perro puede no señalizar, hacerlo de forma débil o imprecisa, o incluso ignorar la presencia humana. Este tipo de error no es un fallo del perro, sino un problema en la construcción del aprendizaje. Por eso es esencial construir desde el inicio la conducta de manera progresiva, reforzando la persona como estímulo principal y usando el juguete solo como herramienta de motivación inicial.
El figurante con el reforzador: fase inicial y progresión
Al principio, el figurante porta el juguete o el mordedor que funciona como reforzador. Esta fase permite consolidar la motivación, enseñar la conducta de búsqueda y establecer la conexión entre localizar a la persona y obtener la recompensa. Es una etapa fundamental porque proporciona al perro una experiencia positiva y clara de éxito.
A medida que el perro progresa, se empieza a eliminar el objeto del figurante, siendo el guía quien lleve el reforzador y se lo entrega al figurante cuando el perro ya ha localizado y señalizado. Esto asegura que el perro aprenda a mantener la búsqueda centrada exclusivamente en la persona, sin depender del juguete. Con el tiempo, el refuerzo se vuelve intermitente y la conducta de búsqueda se sostiene por el condicionamiento operante ya consolidado y por la estructura cognitiva de trabajo, más que por la presencia del reforzador inmediato.
En escenarios avanzados, el perro incluso puede realizar búsquedas sin recibir refuerzo directo en cada localización. Esto fortalece la conducta, asegura la fiabilidad operativa y garantiza que el perro pueda trabajar en situaciones reales sin necesidad de que haya un objeto de por medio.
En fases avanzadas también se entrena la presencia de juguetes, mordedores y objetos de refuerzo dispersos en el área de búsqueda, ya sea en grandes espacios o en escombros. El objetivo es que el perro no se distraiga ni busque el objeto, evitando auto-refuerzos y consolidando la atención en la persona como estímulo principal. Así, el perro aprende que los juguetes no tienen valor funcional dentro del trabajo y que el refuerzo solo tiene sentido dentro de la cadena correcta. El único estímulo verdaderamente discriminativo sigue siendo la persona oculta.
Conclusión
Un perro de búsqueda bien entrenado no busca juguetes, no busca mordedores, no busca pelotas, no busca objetos, no busca refuerzos. Busca personas.
- El reforzador es una herramienta.
- El objeto es un medio.
- La persona es el objetivo.
Y la condición de “reforzador” no la define el objeto, la define su efecto funcional sobre la conducta.
Es fundamental entrenar de forma progresiva. Al principio, el juguete se utiliza como reforzador y el figurante lo porta para motivar y consolidar la conducta de búsqueda. Solo en fases avanzadas se empieza a eliminar el objeto del figurante, introduciéndolo como distracción en el entorno, de manera que el perro aprenda a no depender del objeto y a mantener la búsqueda centrada exclusivamente en la persona. Un entrenamiento bien estructurado asegura que la conducta de búsqueda se consolide de manera fiable y operativa en cualquier situación real.
Por eso hablamos de perros de búsqueda de personas. No de perros de búsqueda de juguetes.
Y por eso, la formación de un buen binomio de búsqueda de personas no se completa hasta mínimo un año de proceso, con un entrenamiento férreo, coordinado y bien estudiado, de la mano de guías e instructores y figurantes con la formación adecuada.


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