Cuando una unidad canina se apaga por gestión, no por necesidad (Policía Local de Granollers)

La Unidad Canina de la Policía Local de Granollers, un binomio operativo que se había construido durante años, ha sido desactivada de manera abrupta y administrativa

Policía Local Granollers

Las unidades caninas no se construyen en meses. Se construyen en años. Años de formación, entrenamiento, inversión económica, compromiso personal, adaptación familiar, horas de trabajo invisible y dedicación constante. Por eso, cuando una unidad canina se desactiva sin una causa técnica real, sin un informe operativo, sin una evaluación funcional y sin un análisis de impacto en el servicio público, lo que se pierde no es solo un recurso: se pierde una estructura de trabajo, un binomio operativo y un servicio especializado que ha costado años consolidar.

La Unidad Canina de la Policía Local de Granollers

La unidad canina de la Policía Local de Granollers nació con tres perros y tres guías. Con el tiempo, por conflictos internos y decisiones políticas, dos de los guías abandonaron voluntariamente el proyecto, quedando un único binomio operativo activo durante casi cuatro años. Un solo guía y un solo perro sosteniendo una unidad completa. El perro, de propiedad privada del guía, vivía con él como parte de su familia, bajo un convenio formal con el ayuntamiento que cubría todos los gastos derivados del servicio: alimentación, veterinarios, manutención y cualquier coste asociado al trabajo operativo.

La llegada de una nueva jefatura en abril de 2025 marca un punto de inflexión. Se reducen patrullas, se recortan servicios mínimos y se redistribuyen recursos. El resultado es una sobrecarga operativa generalizada que hace inviable el uso funcional de la unidad canina. El binomio pasa a cubrir servicios básicos, urgencias, detenciones, conflictos y apoyo a otras patrullas saturadas. El perro deja de poder trabajar. No por falta de utilidad, no por falta de eficacia, no por problemas técnicos, sino por falta de tiempo operativo real. Desde ese momento, el perro queda inactivo, sin poder ejercer la función para la que fue entrenado.

Una desactivación sin evaluación, sin diálogo y sin dignidad profesional

La desactivación de la unidad no llega mediante evaluación técnica, ni reunión profesional, ni comunicación directa. Llega por correo electrónico. En una semana de descanso. Sin conversación previa. Sin explicación operativa. Sin reconocimiento humano. Sin cierre profesional. Simplemente, una notificación administrativa informando de una desactivación “temporal” que, en la práctica, no muestra ningún indicio real de reactivación futura.

Esto no es un caso aislado. Es un ejemplo claro de cómo la gestión institucional puede desactivar recursos especializados no por criterios técnicos, sino por decisiones estructurales mal diseñadas. Una unidad canina no es un vehículo, no es un turno, no es un servicio intercambiable. Es un sistema vivo compuesto por un binomio, un vínculo, una formación específica y una función operativa concreta. Cuando se rompe ese sistema sin análisis, se destruye valor público.

Readaptar al perro a una vida no operativa

Hoy, el perro permanece con su guía en su entorno familiar, iniciando un proceso complejo de readaptación a una vida no operativa. Un perro con seis años, entrenado en búsqueda activa, en detección y en trabajo funcional en calle, que debe aprender ahora a no activar conductas de trabajo, a no buscar, a no marcar, a no operar. Algo que cualquier profesional del ámbito canino entiende como un proceso largo, difícil y emocionalmente complejo, tanto para el animal como para la persona que ha trabajado con él durante años como binomio.

Este caso no habla solo de una unidad canina. Habla de un modelo de gestión. Habla de cómo se toman decisiones que afectan a recursos especializados sin informes técnicos públicos, sin auditorías operativas, sin evaluaciones de impacto y sin respeto profesional. Habla de cómo se puede desmontar un servicio público especializado sin asumir el coste real que eso tiene para la seguridad, para la ciudadanía y para el propio sistema institucional.

Porque cuando se desactiva una unidad canina sin criterios técnicos claros, lo que se pierde no es un perro.
Se pierde un servicio.
Se pierde una capacidad operativa.
Se pierde una inversión pública.
Se pierde un recurso especializado.
Y se pierde, sobre todo, el respeto al trabajo bien hecho.

En Perros de Búsqueda defendemos que las unidades caninas deben evaluarse por resultados, por utilidad operativa, por impacto real y por criterios técnicos, no por decisiones administrativas desconectadas de la realidad del trabajo en calle. Porque un binomio no se improvisa, no se sustituye y no se apaga sin consecuencias.

Deja aquí tu comentario (debe ser aprobado para que aparezca)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las cookies y nuestra Política de Privacidad. Haz clic en el enlace para mayor información.

ACEPTAR

Aviso de cookies