Detección canina y modas científicas: cuando la nariz del perro se convierte en recurso fácil
La detección canina ha entrado con fuerza en otro terreno: el de las modas científicas y mediáticas, donde la nariz del perro se presenta como una solución potencial para casi cualquier problema médico o social

Quienes trabajamos desde hace años con perros de detección sabemos que su capacidad olfativa no necesita demostraciones espectaculares. Está más que contrastada en ámbitos donde el perro no es una alternativa curiosa, sino una herramienta operativa imprescindible para la búsqueda y detección.
Sin embargo, en la última década —y especialmente tras la pandemia— la detección canina ha entrado con fuerza en otro terreno: el de las modas científicas y mediáticas, donde la nariz del perro se presenta como una solución potencial para casi cualquier problema médico o social… al menos durante un tiempo.
Cuando el perro deja de ser herramienta y pasa a ser titular
En muchos proyectos recientes, el perro ya no ocupa el centro técnico del trabajo, sino el narrativo. Su figura resulta atractiva, genera titulares, despierta simpatía y facilita la llegada de financiación. El esquema se repite con frecuencia:
Se plantea una enfermedad o problema complejo
Se entrena a perros para detectar una señal asociada
Se publican resultados preliminares
Los medios amplifican el mensaje
El proyecto se diluye sin una aplicación real clara
El problema no es investigar. El problema es vender como prometedora una línea que, desde el principio, difícilmente podía tener recorrido práctico.
El precedente del COVID: una lección reciente
Durante la pandemia de COVID-19, varias organizaciones, entidades oficiales y hasta unidades caninas, anunciaron programas para entrenar perros capaces de detectar la infección. Algunas recibieron una importante cantidad de fondos públicos y privados para desarrollar estos estudios.
Con la perspectiva que da el tiempo, el balance es claro: la detección canina del COVID no se integró en la práctica sanitaria, no generó protocolos estables y quedó rápidamente superada por métodos diagnósticos más seguros, específicos y escalables.
Desde el punto de vista del perro de trabajo, aquello planteaba dudas evidentes desde el inicio:
Un virus poco conocido
Muestras potencialmente infecciosas
Incertidumbre sobre riesgos reales para los perros
Una carrera científica que avanzaba más rápido que cualquier programa de entrenamiento
La ciencia resolvió el problema por otro camino. Los perros, una vez más, quedaron fuera.
Poder detectar no implica que tenga sentido hacerlo
Uno de los errores más frecuentes en este tipo de iniciativas es confundir capacidad olfativa con utilidad real.
Que un perro pueda aprender a discriminar un olor en condiciones controladas no significa que:
Sea aplicable fuera del laboratorio
Aporte ventajas frente a métodos existentes
Justifique la inversión económica
Compense los riesgos para el animal y el tiempo empleado
En muchos casos, la detección canina médica se queda en una prueba de concepto interesante… que nunca debería haber aspirado a ser otra cosa.
El perro no es un sensor experimental ilimitado
En PerrosdeBusqueda insistimos a menudo en una idea básica: el perro de trabajo no es un recurso infinito ni neutro.
Trabajar con muestras biológicas humanas, enfermedades o patógenos implica riesgos, exige protocolos estrictos y requiere una justificación ética muy sólida. Cuando estos elementos se subordinan al impacto mediático o a la urgencia política del momento, el perro pasa a ocupar un papel que no le corresponde.
No todo lo que puede investigarse con perros debe investigarse con perros.
Parkinson, cáncer y otras líneas distintas
Esto no significa rechazar toda investigación médica con detección canina. Existen ámbitos —como determinadas enfermedades neurodegenerativas o algunos tipos de cáncer— donde:
No hay pruebas diagnósticas simples
Los cambios bioquímicos son progresivos y estables
El perro puede ayudar a identificar biomarcadores relevantes
En estos casos, el perro actúa como herramienta de investigación, no como solución clínica directa. Esa diferencia es fundamental y a menudo se pierde en el discurso mediático.
Menos moda, más criterio
La detección canina no necesita exageraciones para demostrar su valor. Necesita criterio, rigor y contexto. Cada vez que una línea de investigación se abandona tras el entusiasmo inicial, no solo se pierde dinero: se erosiona la credibilidad del trabajo con perros.
Tal vez ha llegado el momento de hacer una pausa y recordar algo básico: el olfato del perro es extraordinario, sí, pero no es la respuesta automática a todos los problemas.
En detección canina, como en cualquier otro ámbito serio, conviene distinguir entre lo que es posible, lo que es útil y lo que merece realmente la pena.


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