Cadáveres sumergidos y perros detectores: buscar bajo el agua no es buscar en tierra
Durante años se ha repetido que los perros detectores de cadáveres y restos humanos pueden localizar cadáveres sumergidos “porque el olor sube”. La frase es sencilla, casi tranquilizadora, pero científicamente es insuficiente.

Durante años se ha repetido que los perros detectores de cadáveres y restos humanos pueden localizar cadáveres sumergidos “porque el olor sube”. La frase es sencilla, casi tranquilizadora, pero científicamente es insuficiente. En los últimos años, la investigación forense ha empezado a aportar datos que obligan a matizar mucho más cómo, cuándo y qué detectan realmente los perros cuando el cuerpo está bajo el agua. Las pruebas químicas y experimentales muestran que el medio acuático modifica tanto la intensidad como la composición del olor, y que los mecanismos de dispersión son más complejos de lo que solemos imaginar.
Los estudios sobre compuestos orgánicos volátiles de la descomposición humana muestran algo muy claro: el agua no bloquea el olor, pero sí lo transforma. Un cadáver sumergido no emite el mismo perfil químico que uno en tierra. El número de compuestos detectables es menor, la composición cambia y la liberación del olor hacia el aire es irregular. No hay una “pluma” constante y rica como en superficie, sino emisiones fragmentadas, débiles y muy dependientes del entorno. Cada detalle cuenta: la solubilidad de los compuestos, la temperatura del agua, las corrientes, la profundidad, el tiempo de sumersión y el estado del cuerpo influyen directamente en qué olor llega al perro y en qué momento. Desde el punto de vista químico, predominan compuestos de bajo peso molecular, muchos de ellos sulfurados o derivados nitrogenados, muy distintos a los que solemos usar como referencia en entrenamientos terrestres.
Esto tiene implicaciones directas para el trabajo con perros. El perro no está oliendo el cadáver bajo el agua, está reaccionando a pequeñas fracciones del olor que consiguen llegar a la superficie. Cada vez que detecta algo, lo hace a partir de una señal parcial, fragmentaria y en ocasiones desplazada. Por eso, aunque el perro sea excelente, la búsqueda acuática exige más atención y lectura de su comportamiento que un escenario terrestre; no podemos esperar marcajes claros y perfectos cada vez.
si entrenamos y evaluamos como si el medio acuático fuese
una simple extensión del trabajo en tierra, estamos siendo poco realistas
Olor diferente, búsqueda diferente, especialidades diferentes
Aquí aparece uno de los grandes problemas: la generalización. Gran parte de los perros de restos humanos se entrenan casi exclusivamente con material terrestre, esperando que luego extrapolen ese aprendizaje al medio acuático. La ciencia indica que esta extrapolación no es automática. Los perfiles de olor no son equivalentes y, si el perro no ha sido expuesto a señales olfativas alteradas por el agua, es perfectamente posible que no reconozca lo que tiene delante, o que muestre conductas ambiguas que el guía no sepa interpretar. Por eso el entrenamiento debe contemplar variabilidad real: diferentes profundidades, tiempos de exposición, tipos de agua, y siempre reforzando la capacidad del perro para trabajar con señales limitadas.
Otro punto clave es cómo se evalúa el trabajo del perro. En búsquedas acuáticas la señal es pobre, discontinua y a menudo desplazada. Pretender marcajes claros, sostenidos y “bonitos” no encaja con la realidad física del olor. Muchas veces lo único que vamos a tener es un cambio sutil de comportamiento, una zona de interés o una insistencia breve que desaparece al cambiar las condiciones ambientales. Penalizar eso o descartarlo como error es ignorar lo que la química y la dinámica del olor nos están diciendo. Los perros están trabajando con información incompleta y deben ser reconocidos por la calidad de su interpretación de esa información, no por la perfección del marcaje.
Aromas sintéticos: muchas dudas
La investigación actual también pone en duda la eficacia de muchos aromas sintéticos comerciales cuando se trata de escenarios acuáticos. La mayoría no reproducen adecuadamente los compuestos clave de la descomposición real, especialmente los sulfurados, que parecen jugar un papel importante en la detección. Esto no significa que no sirvan para nada, pero sí que su uso exclusivo es difícil de justificar desde un punto de vista científico. Los perros necesitan referencias olfativas que reflejen la complejidad real del olor de un cuerpo en agua, algo que no puede replicarse completamente con aromas artificiales.
Mucho por aprender y mucho por entrenar
Proyectos recientes, aún en desarrollo, están intentando unir datos ambientales, análisis químico y comportamiento canino en escenarios reales de agua. Todo esto no significa que el perro sea menos importante en búsquedas acuáticas. Al contrario, cuanto mejor sea el perro y cuanto mejor entrenado esté, mayor será su capacidad para aprovechar incluso señales débiles o fragmentadas. Perros con alta discriminación, experiencia en señales complejas y guías capaces de interpretar cambios sutiles de conducta son los que realmente marcan la diferencia en estos escenarios. La calidad del binomio es crítica, y la experiencia del guía para leer la información parcial que da el perro se vuelve un factor tan decisivo como el entrenamiento inicial.
Lo expuesto en este artículo no cuestiona la utilidad de los perros detectores de cadáveres en agua. Al contrario. Lo que hace es poner el foco en algo incómodo pero necesario: si entrenamos y evaluamos como si el medio acuático fuese una simple extensión del trabajo en tierra, estamos siendo poco realistas y, en el fondo, poco justos con el perro. La ciencia no está diciendo que los perros no funcionen en agua; está diciendo que funcionan de otra manera. Aceptar esto implica entrenar con mayor variabilidad, introducir el agua como un factor real desde fases tempranas, reforzar la lectura de cambios de comportamiento y asumir que, en muchos casos, la información que nos va a dar el perro será incompleta, fragmentaria y dependiente del contexto. Justo como lo es el olor que intenta detectar.
Referencias
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